El Indio Juan Diego.

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Ya un cronista del siglo XVII refiere la antigua costumbre entre los indios de bautizar a sus
hijos con el nombre de Juan Diego. Se trata de una manifestació n de devoció n juandieguina, poco
común en otros lugares, que pervive en México.
Cerca de quince millones de peregrinos, según la agencia Courier International, acuden cada
añ o al Santuario de Guadalupe. Esta millonaria veneració n a la Virgen guadalupana se proyecta
luego en fervor y cariñ o por quien fuera su fidelísimo “ embajador”.
DECLARACIÓ N SORPRENDENTE
Nadie se atreve a negar tal devoció n. Sin embargo, después que Juan Pablo ll beatificara a
Juan Diego el 6 de mayo de 1990, han surgido algunas voces cuestionando la historicidad de las
apariciones y de Juan Diego mismo. Sorpresa mayúscula causaron, sobre todo, las declaraciones del
propio abad de la basílica guadalupana, Mons. Guillermo Schulenburg Prado. El 24 de mayo de
1996 afirmó que Juan Diego era má s un símbolo religioso que un personaje real. A los pocos meses,
después de 33 añ os al frente de la Basílica, Schulenburg dejaba el cargo; según el secretario del
episcopado mexicano, Ramó n Godínez, por razó n de edad, no por sus declaraciones
antiaparicionistas.
Ante el revuelo suscitado, la Santa Sede creó en 1998 una comisió n especial – encabezada por
el padre Fidel Gonzá lez Ferná ndez, profesor de Historia eclesiá stica en las Universidades
Urbaniana y Gregoriana – para investigar la existencia histó rica de Juan Diego. Las conclusiones de
esta comisió n – suficientemente concluyentes – quedaron recogidas en un volumen de 500 pá ginas
titulado El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, que se publicó en agosto de 1999.
Al mes siguiente, Guillermo Schulenburg y Carlos Warnholtz enviaban una carta a la Santa
Sede insistiendo en sus dudas acerca de la existencia de Juan Diego y desaconsejando la
canonizació n. Ésta, que algunos ya la anunciaban para el 21 de mayo de 2000, quedó en suspenso.
Otra nueva carta de Guillermo Schulenburg, junto a tres sacerdotes má s, se llegó a recibir en
el Vaticano a finales del 2001. Sin embargo, vistas las conclusiones de la comisió n histó rica, el
proceso seguía adelante: el Papa firmó el 20 de diciembre el decreto de una curació n milagrosa
atribuida a la intercesió n de Juan Diego y el 26 de febrero anunciaba la canonizació n.
FUNDAMENTOS HISTÓ RICOS
Guillermo Schulenburg no es el primero que cuestiona la historicidad del acontecimiento
guadalupano. El académico españ ol Juan Bautista Muñ oz ya lo hizo en 1794. El tema ha sido objeto
de apasionados debates desde comienzos del s. XIX. Algunos consideraban Guadalupe como un
mito; otros, un recurso catequético de los misioneros; otros terceros, creació n del criollismo… Sin
embargo, el estudio de la referida comisió n histó rica – en el que colaboraron 30 investigadores de
diversas nacionalidades – mostró no só lo el só lido fundamento de la historicidad de Juan Diego,
sino también algunas claves de la historia mexicana misma.
La única sombra, si se puede denominar así, es la escasez de documentos histó ricos en los
veinte añ os que siguieron a las apariciones. Para los antiaparicionistas ese silencio documental pesa
mucho.
Según Fidel Gonzá lez, la relativa escasez de documentos guadalupanos directos de la primera
hora se explica por la peculiaridad del momento histó rico. En 1578, el dominico Diego Durá n
lamentaba ya la destrucció n de muchos có dices indígenas. A pesar de todo, Se conservan algunos
con referencias a Guadalupe. Por ejemplo, las Cró nicas de Juan Bautista (1563-1574), actualmente
en el Archivo de la Basílica de Guadalupe.
MULTIPLICIDAD DE FUENTES
La historicidad de Juan Diego se apoya en distintos tipos de fuentes: escritas, orales,
arqueoló gicas…, que proceden, a su vez, de diferentes matrices culturales: indígenas, españ olas o
mestizas.
Las fuentes epistolares son casi todas españ olas. Hay también textos jurídicos y algún
documento administrativo que certifica la pronta existencia de la primitiva ermita de Tepeyac.
Las fuentes orales –de probada fiabilidad por los investigadores nahuatlacos– son también
muy importantes en la tradició n cultural mexicana.
Así pues, hoy no se sostiene la antigua tesis del historiador mexicano Joaquín García
Icazbalceta, que negaba en 1888 la existencia de documentos del siglo XVI probatorios de las
apariciones y devoció n guadalupanas.
Por otro lado, las excavaciones arqueoló gicas en uno de los lugares donde se supone nació
Juan Diego, Cuautitlá n (Estado de México), confirman la tradició n oral y otras fuentes escritas. Allí,
bajo una iglesia dedicada a la Virgen de Guadalupe, se ha descubierto una casa indígena
prehispá nica junto a una pequeñ a capilla. Varios elementos confirman que se trata de un lugar
vinculado con la vida de Juan Diego. Ademá s, a poca distancia, en el antiguo convento franciscano,
hoy catedral de Cuauhtitlá n, se conservan registros parroquiales desde 1587. Los arqueó logos no se
explican la insó lita ubicació n de la originaria ermita, si no es por los acontecimientos de diciembre
de 1531.
EL NICAN MOPOHUA
Fidel Gonzá lez señ ala que “no se puede dudar del contenido histó rico del Nican Mopohua”,
que recoge “de manera literaria, pero también histó rica” el acontecimiento guadalupano. Escrito
en 1556, en nahuatl, por Antonio Valeriano (según O’Gorman), constituye la principal fuente
indígena.
Entre las fuentes mestizas destaca el Có dice Escalada, recientemente descubierto por el
jesuita españ ol Javier Escalada. Se trata de un testimonio guadalupano directo: una especie de “ acta
de defunció n” de Juan Diego. También está n el Nican Motecpana, el Inin Huey Tlamahuizoltica, el
mapa de Alva Ixtlixó chitl, el Inin Huey Tlamahulzoltzin, el testamento de Francisco Verdugo, el
Có dice Florentino y el testimonio de Fernando de Alva.
FUENTES ESPAÑ OLAS
Los documentos guadalupanos del siglo XVI de procedencia só lo españ ola son numerosos:
donaciones, testamentos, actos de devoció n guadalupana, cuestiones jurídicas relativas al santuario
y controversias relacionadas con las apariciones (los documentos que no tienen por objeto directo
Guadalupe o Juan Diego, pero que contienen afirmaciones guadalupanas, poseen todavía mayor
valor).
Las fuentes españ olas o europeas crecen a partir del segundo arzobispo de México, el
dominico Alonso de Montúfar (desde 1554 a 1573). El guadalupismo de estos arzobispos resulta
indiscutible. También el de los virreyes de la segunda mitad del XVI. Los Papas, desde Gregorio
XIII (1572-1583), comenzaron ya a conceder indulgencias y privilegios a la ermita.
GENEALOGÍA DE JUAN DIEGO
A esta rica documentació n, se añ aden otros nuevos textos encontrados en el archivo del
Convento del Corpus Christi de la Ciudad de México. Se refieren a las pruebas legales de “ pureza
de sangre” de dos candidatas a la vida monacal que se declaraban descendientes de Juan Diego.
Tales documentos han sido punto de partida para reconstruir la genealogía de Juan Diego. Asunció n
García Samper, jefe del equipo formado por miembros del Instituto Nacional de Antropología e
Historia y del Centro de Estudios Guadalupanos, ha reconstruido el á rbol genealó gico del beato
hasta el añ o 100 después de Cristo, identificando 900 parientes.
Otro archivo desconocido hasta hace poco es el del antiguo convento dominico de San
Vicente Ferrer Chimalhuacá n (fundado en 1529). En ese material aparece el entorno cultural y
familiar de Juan Diego y su relació n con la fundació n del convento. Un poema a la Virgen, de la
segunda mitad del XVI, confirma los datos guadalupanos esenciales.
También resultan significativas las piezas de imaginería guadalupana y juandieguina
encontradas en excavaciones realizadas en los añ os 80 en Estados Unidos.
CONCLUSIÓ N
En conclusió n, todas estas fuentes convergen en lo esencial: en los comienzos de la presencia
españ ola en México, después de la dramá tica conquista y la divisió n de la civilizació n nahuatl, en
un lugar significativo para el mundo indígena (el cerro de Tepeyac), aparece la ermita de
Guadalupe, que se convierte en centro de atracció n religiosa, encuentro de dos mundos y casa
común de todos los mexicanos. Los obispos mexicanos, en su reciente mensaje para la
canonizació n, han querido subrayar esta significació n: “la Virgen de Guadalupe – escriben – tomó
los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo sentido de
salvació n, en un auténtico modelo de evangelizació n inculturada”.
Así pues, a tenor de estas investigaciones, la existencia real del santo indiecito parece
suficientemente fundamentada. Síse dudara de ella, habría que dudar entonces de la historicidad de
muchos personajes antiguos con inferior rastro documental.
BREVE SEMBLANZA DE JUAN DIEGO
En diciembre se presentó en México una biografía oficial del Beato Juan Diego, escrita por
Eduardo Chá vez Sá nchez, Doctor en Historia y Postulador de la causa de canonizació n de Juan
Diego.
Según ésta, Juan Diego nació en 1474, en el barrio de Tlayacac, en Cuautitlá n, México. Sü
nombre pagano era Cuahtlatoatzin, que en nahualt quiere decir “el que habla como águila”.
Juan Diego pertenecía a la clase baja del imperio azteca, pero no era esclavo Era un
“ indiecito” u “ honorable hombre de pueblo”. Se dedicó a trabajar la tierra y a tejer petates. En el
terreno que poseía construyó una pequeñ a vivienda. Se casó con María Lucía. Al no tener
hermanos, adoptaron uno.
En 1526, junto con su esposa y su tío Juan Bernardino, recibió el bautismo de manos del
franciscano Fray Toribio de Benavente. Solía caminar desde su poblado hasta Tenochtitlá n, a 20km
de distancia, para recibir la instrucció n religiosa.
A la muerte de su esposa, en 1529, vivió con su tío en Tulpetlac, a 14 kiló metros de
Tlaltelolco,
Juan Diego era un hombre bueno, justo, piadoso y reservado.
En una de sus largas caminatas camino de Tenochtitlá n, se le apareció la Virgen en la actual
“ Capilla del Cerrito”. La Virgen le habló en nahuatl, Juan Diego tenía 57 añ os (la esperanza de vida
masculina apenas sobrepasaha los 40 añ os). Tras las apariciones, se construyó la primitiva ermita El
mismo día en que se trasladó a ésta la santa imagen, Juan Diego, con permiso del obispo, se fue a
vivir a un pequeñ o cuarto pegado a la ermita. Cuidaba de la ermita y difundía entre la gente del
pueblo el contenido de las apariciones. Pasaba largos ratos rezando ante la Santa Imagen Con
autorizació n de su obispo, comulgaba tres veces por semana, cosa muy excepcional entonces.
ejercitaba en el ayuno y en la mortificació n y atendía con gran amabilidad a los peregrinos, La gente
lo tenía por santo.
Algunos padres, al bendecir a sus vá stagos, todavía dicen: “que Dios te haga como Juan
Diego”.
Falleció el 12 de junio de 1548, a los 74 añ os de edad. Fue sepultado junto a su tío en aquella
primera ermita.
Un decreto de la Congregació n de los Santos, de 9 de abril de 1990, reconoció el “ culto
inmemorial” a Juan Diego y declaró a éste venerable. Juan Pablo II lo beatificó el ó de mayo de
1990, en la Basílica de Guadalupe. Su fiesta se celebra el 9 de diciembre, día de la primera
aparició n mariana y cuando él pudo contemplar el paraíso.
EL MILAGRO DE LA CANONIZACIÓ N
E1 3 de mayo de 1990, Juan JoséBarragán Silva (20 añ os de edad, drogadicto), intenta
suicidarse arrojá ndose desde el tercer piso de su departamento, en un barrio de México D. F,. Su
madre, Esperanza, trata de impedirlo, sin éxito. El joven se lanza desde casi diez metros de altura y
cae de cabeza sobre una banqueta de concreto. No amortigua el golpe siquiera con las manos.
Los curiosos que se acercan al lugar lo dan por muerto. Juan Josése levanta ensangrentado y
se sienta en un escaló n. Una ambulancia lo traslada al hospital. Allícomunican a Esperanza que su
hijo fallecerá enseguida y que, si es creyente, rece. La madre confiesa que imploró al indio Juan
Diego para que salvara a su hijo. Una primera exploració n a Juan Josérevela la fractura de toda la
base del crá neo, que pasa por la zona del clivus y la glá ndula hipó fisis. Presenta lesiona
inflamatorias, edema cerebral, secreció n de líquido cefalorraquídeo y hemorragias severas. En la
UCI, los especialistas consideran que pueden hacer muy poco y só lo administran medidas de
sostenimiento. Tres días después, el 6 de mayo, se celebra en la Basílica de Guadalupe la ceremonia
de beatificació n de Juan Diego. Ese día, los médicos han decidido no prolongar artificialmente la
vida Juan Joséy le retiran las medidas de mantenimiento Sorprendentemente, Juan Josése levanta
de la cama para comer. Las hemorragias y fiebre cesan y Juan Josése recupera rá pidamente. El 1O
de mayo es trasladado a planta. A los diez días de la caída recibe el alta médica, Al añ o, no presenta
ninguna secuela neuroló gica, endocrina, ni vascular. Su evolució n hasta hoy es satisfactoria: llega a
terminar los estudios de técnico en informá tica, conduce, trabaja… Los médicos consideran
inexplicable el caso. Juan Josétenía el crá neo destrozado, pero no presentaba otras lesiones ó seas:
ni lesió n de columna, obligada en caídas similares, ni lesiones invalidantes. En fracturas del clivus,
la mortalidad es casi del 100% o hay lesiones invalidantes permanentes en el 100% de los casos.
Los médicos consideran inexplicable que no hubiera lesió n hipotá lamo hipofisiaria, que las fístulas
del líquido cefalorraquídeo se cerrasen espontá neamente en 3 días y que no se dieran infecciones
meníngeas.

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