Fiesta de la Candelaria.

Origen de la Fiesta de La Candelaria


Inicialmente la fiesta de la Candelaria o de la Luz tuvo su origen en el Oriente con el nombre del “Encuentro”, posteriormente se extendió al Occidente en el siglo VI, llegando a celebrarse en Roma con un carácter penitencial.
Su fiesta se celebra, según el calendario o santoral católico, el 2 de febrero en recuerdo al pasaje biblíco de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento.
La fiesta es conocida y celebrada con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas; todos estos nombres expresan el significado de la fiesta. Cristo la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de “Candelaria”.
Tradicion en Mexico


Conforme a la región y el grupo étnico, la celebración tiene determinadas características, así hay quienes lo hacen con bailes populares, juegos pirotécnicos, procesiones, ferias, música de banda, representaciones teatrales, intercambio de flores, danzas tradicionales y, por supuesto, la bendición al Niño Dios.
En algunos lugares, como en la Ciudad de México, se ha hecho una tradición que a las personas que les tocó el muñeco durante la partida de rosca del Día de Reyes se convierta en el padrino del Niño Dios para cumplir con el Día de la Candelaria.
“Para cumplir con su tarea, el padrino o madrina debe levantar al Niño del pesebre del nacimiento, donde se colocó el 24 de diciembre luego de arrullarlo, en la casa que ofreció la merienda del día seis de enero, ya levantado tiene que vestir al Niño Dios”.
El ritual del Día de la Candela se basa en que el “padrino” haga una fiesta tradicionalmente de tamales y atole de chocolate espumoso o de diversos sabores.
Todo el ritual que significa la celebración del Día de la Candelaria es resultado del sincretismo de dos culturas y religiones: la católica, que remite a cuando la Virgen María llevó al niño Jesús al templo, y la prehispánica, en la que se llevaban tamales al rendir culto a los Reyes Magos. 

 
 
 
 

SASTRES DE NIÑO DIOS 
 
 
 
 

 

 

Una intensa actividad fabril, artesanal y comercial precede al Día de la Candelaria, fecha en que los niños dios mexicanos forzosamente estrenan ajuar —ya sea un simple ropón blanco o un suntuoso traje papal. El Centro Histórico es uno de los núcleos de un mercado que involucra a entre mil y mil 500 productores de vestimenta religiosa para niños dios en el país.

 
 
 

Por Patricia Ruvalcaba
Es mediados de enero y en la calle de Talavera, a la altura de Manzanares, la agitación es tremenda, tanto en los locales como en los puestos de la romería. Cientos de personas, mujeres la mayoría, comparan calidades de organzas, tules y terciopelos, bordados y resplandores, pedrerías y precios, de un sinfín de vestimentas en miniatura.
    En muchos hogares, la temporada navideña concluye oficialmente el 2 de febrero, no tanto con la tamaliza sino con la debida presentación de los niños dios en algún templo, para que reciban la bendición. Así, la devoción apura la venta de ropa y accesorios para niños dios; la venta y retoque de niños; la de calendarios conmemorativos; la de catálogos de trajes y patrones de corte, así como la de cursos de confección y tejido de vestimenta. (En Internet se ofrecen, además, consejos y talleres.)
    Niños Uribe, una empresa familiar ubicada en los predios del 9 al 12 de la calle Talavera, es uno de los engranes de esta industria, en auge en las últimas tres décadas.

 

Del mameluco al traje de Papa
Con sus mamelucos blancos o en colores pastel, algunos niños dios parecen bebés ordinarios con un poco de frío. Otros, ataviados con trajes púrpura bordados con hilo color oro, con tiara papal, báculo y cruz al pecho (“Niño Papa”), lucen más prósperos. Ésos serían los extremos entre los 120 modelos con que cuentan los niños dios, en el catálogo de Niños Uribe.
    Con una producción anual de 300 mil piezas, que se distribuyen tanto en la República Mexicana como en el mercado latino de ascendencia mexicana en Estados Unidos, “somos el fabricante número uno del país en el ramo de vestimenta religiosa para niños dios”, asegura Alberto Uribe, gerente Comercial de la fábrica.
    Los diseños se realizan en nueve tallas estándar, para niños que miden de 10 a 45 centímetros. Y sintetizan tanto la evolución del mercado como la de este culto exclusivamente mexicano, originado cuando “el pueblo empezó a bajar a los niños de (los brazos) de las vírgenes” y a adjudicarles atributos de santos. (La excepción es el Niño de las Palomas, que siempre ha sido venerado como niño.)
  Según Uribe, de la Virgen de Atocha se originó el Niño de Atocha y, si alguien es devoto de San José, pues así viste a su niño. Eso, en cuanto a la vestimenta. En cuanto al rito, éste recuerda el nacimiento de Jesús y su presentación al templo 40 días después, bajo la usanza judía. El niño dios mexicano es colocado el 24 de diciembre en el pesebre del nacimiento, y arrullado. El Día de Reyes, quien encuentra un niño en la rosca se convierte en padrino del niño dios de la familia, y adquiere la obligación de “vestirlo” para su presentación al templo el 2 de febrero —además de invitar la tamaliza.
    “La tradición dice que el primer año el niño debe ir de blanco y acostado en un moisés”. El segundo, va parado —pues “ya creció”—, merced a un artefacto llamado piaña, y de aquí en adelante puede ir vestido como se prefiera. El tercer año, va sentado en una silla. Hay gente que viste a su niño de su santo preferido desde el primer año. La advocación puede cambiar de un año a otro, pero siempre, el niño ha de estrenar ropa.
    “Hace más de 34 años, únicamente se vestían el Niño de las Palomas, el del Sagrado Corazón de Jesús, San José, el Niño de Atocha, San Francisco y San Judas Tadeo”, recuerda Uribe.
    “Al paso del tiempo, fuimos innovando, empezamos a recorrer la provincia, donde hay una infinidad de tradiciones que desconocemos. Conocimos lo que es el Niño Doctor de los Enfermos, que está en Puebla; allí también está el Divino Niño Jesús. El Santo Niño de Atocha, en Zacatecas, el Niño del Cacahuate, en Michoacán y aquí, por el metro Observatorio, el Niño de las Suertes. Empezamos a visitar templos, hablamos con los párrocos, que nos dieron la historia, tomamos fotos, vimos la vestimenta… así fue como fuimos incorporando, año tras año, de tres a cuatro modelos diferentes”.
    Esa investigación fue enriquecida con aportaciones de personas de provincia que, habiéndose avecindado en la capital, solicitaban la confección de un traje como el del niño venerado en sus pueblos, lo que les obligaba a describirlos.
    Uribe calcula que en el país hay entre 150 y 170 advocaciones diferentes. A estas alturas, presume, “ya casi todo está visto, ya es muy poco lo que no conocemos en cuanto al niño dios”.

  Vestido y accesorios
Si bien la temporada navideña es la más laboriosa en Niños Uribe —la planta, de 70 empleados, se triplica con trabajadores eventuales para cubrir las áreas de promoción y venta—, la fábrica está ocupada todo el año.
    “La elaboración se hace íntegramente aquí, desde la selección de las telas, el corte, el bordado, el armado y el equipamiento de todos los modelos”, dice el entrevistado. El “equipamiento” es la inclusión de los accesorios —guaraches, mundos, cetros, corazones, palomitas, resplandores, sombreros, tiaras, coronas y mucho más—, propios de cada talla y advocación.
    En la línea de producción, Adela Rosales, de 62 años, aplica pedrería entre las flores bordadas en una capita, con ayuda de silicón, aunque “me gusta más (poner) accesorios, porque es lo más entretenido”.
    El producto final es una bolsa de plástico que contiene el vestido y los accesorios, y cuesta entre 10 y 120 pesos, a precio de mayoreo —de 6 piezas en adelante.
Uribe estima que tiene entre mil y mil 500 competidores en el país, pero cuya capacidad de producción es inferior.
    El culto a los niños dios es más rural que urbano, por lo que, calcula, 60% de su producción termina en tianguis y mercados de comunidades semi rurales y rurales, y 40% en ciudades. “El mercado es regido por tres advocaciones”, informa. “El Niño de las Palomas (25% del mercado), San Judas Tadeo (20%) y el Sagrado Corazón de Jesús (15%)”.

¿Ortodoxia vs moda?
Según Uribe, la venta de mercancía relativa a los niños dios experimentó un crecimientoconstante durante 30 años.
    Hace dos años se estancó y el año pasado retrocedió un poco. Él lo atribuye a la reticencia de la jerarquía católica a bendecir a los niños que no van de blanco al templo. “Aquí vienen padres a decirme: ‘¡oye, esto no es un desfile de modas!”, cuenta. “A mí no me lo digas, ve y dile al padre del templo fulanito que está en tal lado, porque así lo tiene él en su altar”.
    En su versión electrónica, el semanario Desde la Fe, órgano oficial de la Arquidiócesis Primada de México, publicó una guía para vestir a los niños dios, en la que recomienda el vestido blanco y rechaza, vestimentas como el “Niño Dios de azteca o de charro” o “el Niño Dios con el atuendo de la llamada ‘Santa Muerte’, devoción totalmente contraria a la fe católica”.
    Afuera de la fábrica, la tienda de Niños Uribe está abarrotada. Entre las compradoras hay tanto madrinas de niños dios como vendedoras que se surten de mercancía.
    Ya sea apegado a la ortodoxia o no, todo mundo luce satisfecho.
Rosalía López, de 60 años y residente de Tlapacoya, Estado de México, es madrina, y está en el bando ortodoxo. Dado que los niños dios representan a Jesucristo como bebé, vestirlos de papas o santos equivale a rebajar a Jesucristo. “Dios es Dios. Punto”.
    El propio Uribe, viste a su niño de manera libre. “Yo no le pongo nada de lo que hacemos aquí, yo mismo le diseño su traje cada año.

                                                       

LES PRESENTO A MI NIÑO DIOS.

Como vereis,ya lo tengo vestido y listo para llevar le mañana dos de Febrero a Bendecir como todos los años,y listos estàn tambièn los deliciosos tamalitos que este año le tocò traer a mi amigo Fernando,( desde mañana mi compadre serà), el  sacò el muñequito de la rosca de Reyes,y eso le comprometiò a llevar al niño a Bendecir conmigo,lo cual nos convierte en compadres,y los tamales con atolè, champurrado de cocoa el invitarà.

Narda Araceli. 

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