¿Te has enterado?

¿Te has enterado Sócrates…? – Un momento, amigo – interrumpió el filosofo – ¿Seguro que todo lo que vas a contarme es cierto? – No; pero me lo contaron otros. – Entonces, no valdría la pena repetirlo a menos que se tratara de algo bueno. ¿Satisface los criterios de la bondad? – No todo lo contrario… – ¡Ah! Y dime; ¿Es necesario que yo lo sepa para evitar el mal a otros? – Realmente… No – Bien en tal caso – concluyó Sócrates – olvidémoslo. ¡Hay en la vida tantas cosas valen la pena! ¿Para que molestarnos con algo tan despreciable, que ni es verdad, ni bueno ni útil? Anécdota anónima atribuida a Sócrates.

Madurez es la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia o destrucción. Madurez es paciencia. Es la voluntad de posponer el abrazo inmediato en favor de un beneficio de largo plazo. Madurez es perseverancia, es la habilidad de sacar adelante un proyecto o una situación a pesar de fuerte oposición y retrocesos decepcionantes. Madurez es la capacidad de encarar disgustos y frustraciones, incomodidades y derrotas, sin queja ni abatimiento. Madurez es humildad. Es ser suficientemente grande para decir “me equivoque”. Y cuando se esta en lo correcto la persona madura no necesita experimentar la satisfacción de decir “Te lo dije”. Madurez es la capacidad de tomar una decisión y sostenerla. Los inmaduros pasan sus vidas explorando posibilidades para al fin no hacer nada. Madurez significa confiabilidad, mantener la propia palabra, superar la crisis. Los inmaduros son maestros de la excusa. Son los confusos y desorganizados. Sus idas son una confusión de promesas rotas, amigos perdidos, negocios sin terminar y buenas intenciones que nunca se convierten en realidad. Madurez es el arte de vivir en paz con lo que no se puede cambiar.

Encontramos la alegría de ser y vivir en un momento en que aprendemos a apreciar y disfrutar . . . no sólo lo que la Vida nos ofrece, sino también en lo que nosotros podemos brindarle. Tanto en la naturaleza con: las caricias benevolentes del sol, las formas caprichosas de los acantilados; el sonido estrepitoso del mar, los matices verdes de la pradera, la nieve luminosa en las montañas, el ritmo cadencioso del río, las figuras mutantes de las nubes, las gotas cristalinas en el verano, la tranquilidad del lago al amanecer, el saludo perenne de las estrellas, el silencio acompasado de la noche, las fauces hambrientas del tigre, la búsqueda incansable de la gaviota, el regreso acertado de la golondrina, Así como en los demás con: las palabras cándidas de la madre, la reprimenda formativa del padre, la complicidad secreta de los abuelos, el humor vivaz del hermano, las observaciones críticas del amigo, el abrazo fusionante del amante, la risa espontánea del niño, la partida inesperada de quien se ama, la rebelión desafiante del adolescente, la cordura estable del adulto, la mirada serena del anciano, las pinceladas emotivas de una acuarela, el verso hiriente de un poema, el éxtasis fugaz de una sinfonía, Y en nosotros mismos con: la satisfacción plena de dar, la convicción suprema de no poseer, la experiencia gratificante de compartir, la disolución paulatina del miedo, el goce incomparable de la soledad, el encuentro maravilloso con uno mismo, el apego entusiasta a los ideales, el deseo absoluto de aprender, la recompensa sutil de la fe, la búsqueda constante de la verdad, la lucha infinita por trascender, la reconciliación auténtica con el mundo, la comunión eterna con el Universo y la armonía triunfal del Ser.

Cuales son esos instrumentos que el Señor usa en su taller?, bueno, son todas aquellas adversidades que vienen a nuestra vida…por ejemplo; como aprenderíamos a ser pacificadores sino nos encontramos en situaciones de pleitos o contiendas…como aprenderíamos a ser hijos de fe, si todo nos fuere dado con facilidad, como aprenderíamos a perdonar, si nunca fuésemos ofendidos…en fin, todo, absolutamente todo lo que nos acontece, tiene que ver con la forma que se nos esta dando en el taller del Señor…El propósito…llegar a ser una espada de utilidad en el ejercito de Cristo.

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