Cinco Rosas Rojas.

Un cursillo matrimonial, para matrimonios experimentados. El sacerdote se ocupaba en aumentar la comunicación en los cónyuges.

– Para el próximo viernes escribiréis en un papel la lista de los cinco defectos que pensáis que vuestro esposo/a debe corregir con más urgencia…

Al cabo de un rato de llegar a casa el marido de la agraciada sale y vuelve con cinco rosas. Le entrega a su mujer un papelito que dice: No se me ocurre nada que puedas mejorar. Te quiero como eres. Y le entrega las cinco rosas. La mujer, deshecha en lágrimas le da un abrazo lleno de ternura…

Llegó el viernes. La mujer había logrado mantener las rosas vivas con agua abundante y una aspirina disuelta. 
A la hora de entrar avanzó con sus rosas y su papel, con una sonrisa. 
Y cuando le tocó el turno explicó lo ocurrido, sin problemas.
Y los demás maridos mascullaban, con una sonrisa disimulada, lo mal que aquella actitud positiva les había hecho quedar con sus cónyuges respectivas (que habían recibido varias hojas cargadas de desagradables correcciones, agriamentemente correspondidas)… pero la lección había quedado clara en la mente de todos. Especialmente de aquella mujer que había recibido las cinco rosas rojas: aunque sí tenía defectos, había recibido el empujón que necesitaba para luchar cada día para superarlos.

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