La fuerza del amor.

 
 

EL CASTILLO DE LOS FANTASMAS.
 

 

Un historia trágica está en lo inicios de esa edificación, a cargo del ingeniero Muñoz González y derivó en otras anécdotas, historias y experiencias que fueron circulando de boca en boca durante muchos años del Siglo XX. Incluso el edificio fue recibiendo distintos nombres: El chalet de los bichos, el castillo de los bichos, el castillo de los fantasmas.
Por el relato del vecindario que afirmaba haber visto durante la noche, ciertas apariciones en el lugar que resultaban inexplicables y preocupantes. Algunos decían que alguna vez se logró escuchar ruidos extraños, voces, gritos desgarradores, sombras diabólicas que deambulaban sigilosamente por todo el edificio de forma misteriosa. Aparentemente todo comenzó después del año 1911, cuando se cumplía el primer aniversario de un trágico accidente ocurrido muy cerca del castillo parquense.
Esta mansión de cinco pisos que terminan en un torreón y cúpula, llama la atención por las figuras de animales grotescos que decoraban sus paredes, con algo de las gárgolas de catedral gótica. Por eso la gente del barrio, en Villa del Parque, la bautizó El Palacio de los Bichos. Está a metros de las vías del ferrocarril, en la esquina de las calles Campana y Tinogasta. Fue construido a comienzos del siglo XX por el ingeniero Muñoz González a pedido de un aristócrata italiano que quería regalar esta mansión a su hija en el día de su boda. El italiano organizó una bombástica fiesta de casamiento para la nena, que heredaría el palacete. Pero cuando los novios, radiantes, partían en carruaje hacia la luna de miel, el tren los atropelló y los mató instantáneamente. El padre, que vio el accidente de lejos, mandó clausurar el palacio. Ni el cochero ni los caballos perecieron, solo los novios. Años después, en la mansión abandonada, las luces se encendían solas, salía música por las ventanas iluminadas y hasta se veían invitados fantasmales bailando valses. También las vías cercanas eran visitadas por los espectros de los novios. Antiguos vecinos de la zona que en la década de 1920 superaban los 40 años de edad, afirmaban categóricamente haber sido involuntarios testigos de momentos y situaciones de zozobra mientras cruzaban el lugar en horas de la noche. Aparentemente todo comenzó a pasar después del año 1911, cuando se cumplía el primer aniversario de un trágico accidente ocurrido muy cerca del castillo. Esa edificación estuvo a cargo del ingeniero Muñoz González y se terminó de construir a fines del siglo XIX. Originalmente presentaba cuatro frentes arquitectónicos de bello e imponente estilo, y cinco pisos, con un bonito mirador, una terraza y el agregado de dos habitaciones y varias más en cada piso que componían la totalidad del edificio (con el transcurrir de los años se efectuaron algunas modificaciones que de alguna forma alteraron su primitivo diseño). En el curso de los años los animales góticos (bichos),que decoraban el castillo, fueron eliminados.  Hoy, el palacio es un edificio de departamentos con spa propio y otras comodidades. 

 

 
 

LA TERRIBLE HISTORIA DE LOS AMANTES DE FENWICK
A lo Romeo y Julieta, dos amantes de diferentes clases sociales fueron terriblemente separados por un padre cegado por la ambición y la vergüenza de estirpe, da paso a una de las casas embrujadas más emblemáticas de Norteamérica. En la foto, el fantasma del lugar.
SANTIAGO, febrero.- Fenwick Hall, también conocido como el Castillo Fenwick, es una casa construida alrededor de 1730 en Johns Island, Carolina del Sur, en las cercanías del río Stono de Johns Island, en Estados Unidos, guarda una de las más terribles historias de amor de la historia.
John Fenwick fue quien construyó la mansión tras adquirir la plantación en el río Stono de 1721. El hombre, hermano del ex corsario Robert Fenwick, heredó todo a su hijo Edward en 1750, quien se afanó en darle lustre a su origen dudoso, ufanándose de su riqueza e incluso, usando el título de Lord Ripon.

Fue tanta su ambición por mantener ‘en alto’ el nombre de su estirpe que persiguió duramente a su propia hija, la niña de sus ojos, por un amor mal avenido. Ann Fenwick, tenía sólo 17 años y amaba los caballos. Entre galope y galope conoció el que iba a ser el amor de su vida: Tony, un empleado de su padre de las caballerizas.

Ann pidió permiso a su padre para casarse con Tony, pero obviamente Lord Ripon se negó rotundamente. Insistió muchas veces, pero no la dejaron, al contrario, se cerró el círculo ante ella y comenzaron a impedirle ver a su gran amor.

El amor da alas y Ann y Tony decidieron fugarse, por lo que una noche, dirigieron cruzar las marismas del río Ashley. No encontraron botes para cruzarlo, por lo que esperaron hasta el amanecer, se guarecieron en una cabaña abandonada donde esperaron el amanecer, pero antes de poder huir, fueron descubiertos por su padre. De vuelta, Ann confesó a su padre que ella ya era la esposa de Tony desde el día anterior cuando el Reverendo Marshall los había casado.

El hacendado montó en cólera a tal punto que ordenó que Tony fuera colocado encima de un caballo y con una cuerda colocada alrededor de su cuello. Luego puso un látigo en las manos de Ann y la obligó a azotar al animal. Al ver a su marido colgando gritando su nombre, Ann se desmayó.

Al volver en sí, preguntó por Tony. Nadie le pudo decir que había muerto horriblemente y que ella había sido obligada a ayudar en su muerte. Ella parecía no recordarlo, refugiada en su bloqueo. Pasaron los años y la mujer siguió llamando y preguntando por Tonny, con tal intensidad que aún después de su muerte se puede escuchar por los pasillos de la mansión su voz murmurando ‘Tonny, Tonny’.

Testigos aseguran que se pueden escuchar como si alguien recorriese de arriba a abajo por los pasillos del castillo de Fenwick, murmurando con voz desolada el nombre del l Castillo Fenwick fue habitado por la familia hasta la Guerra Civil. A fines de 1950 a principios de 1960 Fenwick Hall fue completamente restaurado y fue incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos el 23 de febrero de 1972. Un espacio protegido, donde el dolor de una enamorada aún clama por su amor perdido.

Fuente: sitio fenwick.com  

                                                                                          

 

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