La medida del amor es amar sin medida.

Hollywood está lleno de parejas perfectas. Tanto la chica como el chico disfrutan de la misma belleza, de la misma elegancia, del mismo romanticismo, de la misma edad… ¿La misma edad? No. En Hollywood hay muchas parejas muy unidas a pesar de haber nacido incluso en distinto siglo. La diferencia de edad ya no es algo tan raro en nuestro día a día y mucho menos en la gran pantalla.
Pensando en ello, hemos querido hacer un repaso a los grandes amores de película que superan (o no) los obstáculos ocasionados por la diferencia de edad… 
Una de nuestras historias de Hollywood preferidas es la que protagonizaCatherine Zeta-Jones en Mi segunda vez, uno de los taquillazos románticos del año pasado que ya podemos ver en DVD. La guapa actriz acaba manteniendo relaciones más que laborales con el joven canguro de sus hijos (el actor Justin Bartha). 

 

 

 

Y aunque sólo se llevan 9 años, a la actriz le supone un verdadero quebradero de cabeza mantener la relación con el joven, a pesar de que anteriormente ya pudimos verla manteniendo un idilio con el galán escocés Sean Connery en LA TRAMPA (¡39 años de diferencia!).

 
Veamos otras parejas de Hollywood que se han visto inmersas en relaciones amorosas a pesar de su gran diferencia de edad…

 

 
Una proposición indecente
 

 

Un memorable caballero de Hollywood llamado Robert Redford encandiló con sus cuestionables artes a la joven Demi Moore en Una proposición indecente. Pero los 26 años que les separaban no fueron nada en comparación al millón de dólares que les acabó uniendo.

 

 


 
A Demi Moore (conocida en el mundillo de los productores como Gimme More -“Dame más”- por su manía de pedir honorarios prohibitivos para trabajar en cualquier película) le debió de gustar el tema intergeneracional, porque ahora, a sus 48 años, disfruta como una niña junto al ídolo de masas en Twitter Aston Kutcher, de 32.

 

 

 American Beauty

 

Aunque no es tan guapo ni tiene tanta percha como Robert Reford, Kevin Spacey también disfrutó de su extraña relación con Mena Suvary en American Beauty, chica 20 años menor que él. Aunque para cifras de récord, las que se pueden ver en la cinematográfica Lolita de Kubrick. La jovencísima actriz Sue Lyon tenía 15 años y James Mason, quien encarnaba a su obsesionado admirador, contaba con 53 años… ¡El intérprete no sólo podría ser su padre, sino también su abuelo!

 

El Graduado

 

 

Curiosamente, una de las películas más famosas en relación a la diferencia de edad, El Graduado, no contaba con tan llamativa diferencia entre sus protagonistas. Dustin Hoffman y Anne Bancroft tan ‘sólo’ se llevaban 6 años entre sí… Más del doble le llevaba Kate Winslet a David Kross en THE READER (15 años de diferencia) y no se formó tanto revuelo…

Pero el amor es cosa de locos, y más loco que Jack Nicholson no lo hay. Su oscarizada película Mejor Imposible le unía a una Helen Hunt 26 años menor que él. Helen Hunt después se convertiría en el amor ficticio de un veterano Woody Allen en La mladición del escorpión de Jade (28 años de diferencia), pero ¿en qué película no aparece Woody Allen con una jovencísima amante? Recordemos si no Todos dicen I love you, en la que aparecía junto a una Julia Roberts radiante a su lado, quizá porque era 32 años más joven que él

 

 

CLASICOS

 

El homólogo femenino de Woody Allen sería Audrey Hepburn, que pocas veces compartió reparto con un hombre que no lo sacara al menos una veintena de años: Rex Harrison en My fair Lady (21 años), Cary Grant en Charada (25 años), Gary Cooper en Ariane (28 años), Fred Astaire en Cara de ángel y Humphrey Bogart en Sabrina (28 años).

 


 

 Y es así como nos hemos acostumbrado a ver parejas de lo más dispares en el cine. Desde Clark Gable y Grace Kelly en Mogambo (28 años) a Michael Douglas y Katie Holmes en (34 años). Pero hacen bien, porque lo que el hombre ha unido, ¡que no lo separen los años!

La verdad de este tema es que,al igual que en el cine,teatro,y en la realidad de la vida, lo importante es amar de verdad,la diferencia en edades es algo que no tiene la menor menor importancia.  

 

Pero…hablando con sinceridad,esto de la diferencia de edades en una pareja,es y ha sido siempre mejor visto entre un hombre muy mayor y una mujer muy joven, en eso estamos aún las mujeres en desventaja frente a la sociedad.
 

Jolines,eso no se vale!!

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 amor-1Los que critican que exista gran diferencia de edad en una pareja cargan tantos prejuicios como faltas de información. El amor y la sexualidad cambian según los años, pero el deseo, por suerte, no muere nunca.

El mundo se hizo eco de una noticia que resultó impactante, a punto tal que uno de los buscadores de Internet registró, en un solo día, 5.130 entradas sobre el tema.

¿Cuál era? Que Arthur Miller, actualmente de 89 años, se casaría con Agnes Bartley, de 34, con quien, por otra parte, convive desde hace dos años. Cincuenta y cinco años de diferencia en cuestiones del amor parecen producir incomodidades, cuando no abierta desconfianza o rechazo.

Un conocido periodista local me entrevistó en su programa de radio y, a toda costa, quería que yo reafirmara su idea de que la atracción de las mujeres jóvenes hacia los viejos se debía solamente a cuestiones económicas, cosa que cuando yo era chico le escuchaba decir a mis abuelos y a mis tíos.

Me parece ésta una buena oportunidad para despejar algunas incógnitas, fuertemente arraigadas en el imaginario popular, sobre el amor, la sexualidad y la vejez y que, al mismo tiempo, despejar dudas nos permita la posibilidad de un mayor disfrute en nuestros años por venir.

En primer lugar, sabemos que las investigaciones gerontológicas actuales señalan que la edad a la cual se aplica el término viejo es totalmente arbitraria y sujeta a distintas interpretaciones y que sólo tiene un correlato verdadero como una sensación individual subjetiva. Por lo tanto, estos estudios establecen muy adecuadamente que la edad cronológica, como una variable independiente, no es un concepto utilizable ni en la investigación ni en la educación y que sólo sirve a los efectos de establecer referencias estadísticas.

Para enseñar, para proveer servicios, para delinear políticas públicas y para juzgar conductas privadas es conveniente utilizar, en su lugar, el concepto de curso vital como una totalidad que nos permita ver nuestras vidas como un proceso de cambio continuo desde la infancia hasta la vejez.
De esta manera, si pretendemos entender la noticia que estamos comentando centrándonos exclusivamente en los años que tiene Arthur Miller, o su pareja, o en la diferencia de edad que hay entre ellos, cometeríamos un grueso error de sobresimplificación y nos perderíamos entender las motivaciones que llevan a que dos personas, adultas y saludables, se sientan atraídas a los efectos de convivir juntos durante por lo menos dos años, como en este caso.

En segundo lugar, aparece el tema de cómo pueden ser las relaciones sexuales entre personas con tanta diferencia de edad, habida cuenta de que el imaginario popular considera a los viejos bien como asexuados, bien como viejos verdes, si expresan sus deseos.

En la vida humana hay conductas donde la obtención del placer depende exclusivamente del funcionamiento de los órganos genitales; a esto lo llamamos genitalidad. Pero hay otra serie de excitaciones, enraizadas en la infancia —por ejemplo, el tocar y ser tocado, el acariciar y ser acariciado, cierta forma de mirar y ser mirado, el buscar y ser buscado, la intimidad, la comprensión— que producen un placer que no puede reducirse a la simple satisfacción de una necesidad fisiológica primaria.

Estas formas eróticas pueden estar presentes o no en la actividad meramente genital. De esta forma, la genitalidad queda subsumida en el movimiento más abarcativo de la sexualidad de la cual sólo será un representante, pero no el único. Así definida, la sexualidad no tiene límite de edad para su exteriorización: desde el nacimiento hasta nuestra muerte siempre estará con nosotros. Podrán variar sus manifestaciones, pero sólo eso; podrá aumentar, disminuir, desplazarse, dando contenido a infinidad de conductas que, para un observador no advertido, podrían pasar desapercibidas o llevarlo a pensar que nada tienen que ver con ella.

Ya sea que se busque la descarga de tensión, o el placer con el otro, o una afirmación narcisista de sí mismo o todos estos fines al mismo tiempo, la dialéctica del deseo no se interrumpe nunca; sólo la represión, interna o cultural, la distorsiona de manera nefasta produciendo no sólo los graves trastornos que vemos diariamente en los viejos privados del deseo de desear, sino también nuestras absurdas creencias prejuiciosas sobre ellos.
Los individuos que soportan una disminución o desaparición de sus funciones genitales no por eso son asexuados y deberán realizar su sexualidad a pesar de estas limitaciones. Justamente, éste es el problema del viejo.

Por último, no sabemos si Arthur Miller tiene dinero, pero sí sabemos que tiene un enorme prestigio como hombre público que ha conseguido a través de su larga y exitosa carrera como dramaturgo, y que este prestigio tiene una decisiva importancia como atractivo sexual secundario para muchos sujetos.
Hay que agradecer a todos los Arthur Miller del mundo que nos dan el ejemplo de que a cualquier edad se puede amar y ser amado y a todas las Agnes Bartley por permitirse compartir este destino.

Leopoldo Salvarezza .Profesor de Psicología (UBA)

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