“Este tiempo del no tiempo”


LA PRIMERA PROFECÍA MAYA:

Esta Primera Profecía habla del final de los miedos que vivimos; dice que nuestro mundo de miseria, odio, depredación, esclavitud y materialismo terminará el sábado 22 de diciembre del año 2012. Según los mayas, para ese día, la humanidad deberá escoger entre desaparecer como especie pensante, amenazando con destruir el Planeta o, en su caso, evolucionar hacia la integración armónica con todo el Universo, comprendiendo que “todo” está vivo y consciente, que somos parte de ese “todo”, y que podemos existir unidos, en una Nueva Era de Luz para todos, de paz, amor, libertad y respeto por la esencia de la Naturaleza, y en la inmensidad de la Galaxia. Esta profecía afirma que –a partir de 1999- nos quedan 13 años, sólo 13 años para realizar los cambios de conciencia y actitud de los que nos hablan, para desviarnos del camino de odio, destrucción y caos por el que avanzamos, hacia otro camino que abra nuestra conciencia y nuestra mente, para integrarnos con todo lo que existe. Los mayas sabían que nuestro Sol, al que lo llamaban “KINICH AHAU”, es un ser vivo que respira, y que cada cierto tiempo, se sincroniza nuevamente con el enorme organismo donde existe, que al recibir una suerte de “chispazo” nuevo de luz desde el centro de la Galaxia, brilla más intensamente, produciendo en su superficie, aquello que nuestros científicos llaman “erupciones solares” y “cambios magnéticos”.

Al respecto, los mayas afirman que este proceso de sincronización de nuestro Sol con la Galaxia sucede cada 5125 años. En consecuencia, la Tierra se ve afectada por estos cambios que ocurren en el Sol, reflejándose los mismos, en un desplazamiento o movimiento de su eje de rotación, produciéndose, en consecuencia, grandes cataclismos; para los mayas, los procesos universales como la “Respiración de la Galaxia”, son eternos, cíclicos, constantes y nunca cambian; lo único que cambia es la conciencia del hombre que lo hace a través de ellos (de los procesos universales), siempre en un proceso hacia una mayor perfección, más amor. Basados en sus observaciones, los mayas predijeron que, a partir de la fecha inicial de su civilización, desde el 4 AHAU, 8 CUMKU, es decir, desde el año 3113 a.C., este último ciclo evolutivo duraría 5125 años hacia el futuro, o sea, hasta el sábado 22 de diciembre del año 2012. El Sol, al recibir un fuerte rayo sincronizador proveniente del centro de la Galaxia, cambiará su polaridad y producirá una gigantesca llamarada radiante. Para entonces, la humanidad debe estar preparada para atravesar la puerta que nos dejaron los mayas, transformando a la civilización actual, basada en el miedo, en una civilización con una vibración mucho más alta, plena de amor y de armonía. Sólo de manera individual se puede atravesar la puerta que permita evitar el gran cataclismo que sufrirá el Planeta, para así dar comienzo a una Nueva Era, vale decir, “Un Sexto Ciclo del Sol”.

Los mayas aseguraban que su civilización era la Quinta iluminada por el Sol (KINICH AHAU), que estuvo viviendo durante el Quinto Gran Ciclo Solar, lo cual significaba que antes habían existido sobre la Tierra, otras cuatro civilizaciones que fueron destruidas por grandes desastres naturales. Ellos creían que cada civilización es sólo un peldaño en el ascenso y la perfección de la conciencia colectiva de la humanidad.

Los mayas creían que durante el último gran cataclismo, la civilización había sido destruida por una gran inundación que dejó unos pocos sobrevivientes, de los cuales, ellos eran sus descendientes, que, conociendo el final de esos Ciclos, muchos seres humanos de esos tiempos, se prepararon para lo que venía, logrando conservar sobre el Planeta, a la especie pensante: el hombre. Nos dicen que el “cambio de los tiempos” permite ascender un peldaño más en la evolución de la conciencia; dirigirnos hacia una nueva civilización que manifestará mayor armonía, sabiduría, comprensión, amor y satisfacción para todos los seres humanos. La Primera Profecía nos habla del “Tiempo del No – Tiempo”, un período de 20 años llamado por ellos, 1 Katún, vale decir, los últimos 20 años de ese Gran Ciclo Solar de 5125 años. En otras palabras, este “Tiempo del No – Tiempo” abarca desde 1992 hasta el año 2012. Los mayas profetizaron no solamente que, durante ese tiempo, aparecerían en el Sol, un mayor número de manchas solares mucho más intensas, sino que –a partir del año 1992- la humanidad entraría en un período de grandes aprendizajes, de grandes cambios. Asimismo, ellos aseguraban que nuestra propia conducta de depredación y contaminación del Planeta, contribuiría a que estos cambios sucedieran. La Primera Profecía Maya dice que estos cambios van a suscitarse, precisamente, para que comprendamos cómo funciona el Universo, y, al hacerlo, avancemos hacia niveles superiores, dejando atrás el materialismo y liberándonos de la ignorancia y el sufrimiento. El libro sagrado maya del CHILAM BALAM, dice: “En el 13 AHAU, al final del último KATÙN, el Itza será arrollada y rodará Tanka. Habrá un tiempo en el que estarán sumidos en la oscuridad y luego –los Hombres del Sol- vendrán trayendo la señal futura. Despertará la Tierra por el Norte y, por el Poniente, el Itza despertará.”

La Primera Profecía anuncia que 7 años después del comienzo (año 1992) del último KATÚN, es decir, el año 1999, comenzaría una época de oscuridad que nos enfrentará a todos con nuestra propia conducta. Dijeron que las palabras de sus sacerdotes serían escuchadas por todos nosotros, como una guía para despertar. Ellos hablan de esta época como el tiempo en que la humanidad entrará al “Gran Salón de los Espejos”. Una época de cambios para enfrentar al hombre consigo mismo, para hacer que el hombre entre al Gran Salón de los Espejos y se mire, que mire y analice su comportamiento con él mismo, con los demás, con la Naturaleza, con el Planeta donde vive, y que se pregunte sobre su relación con Dios. Una época para que toda la humanidad, por decisión consciente de cada uno de nosotros, decida cambiar y eliminar el miedo, el odio y el irrespeto de todas nuestras relaciones; al hacerlo, el hombre entrará a una Nueva Era de paz y armonía.

Los mayas profetizaron que, el comienzo de esa época, estaría marcado por un Eclipse de Sol, el cual, evidentemente, coincidió con una alineación planetaria sin precedentes en la historia. Predijeron que este Eclipse de Sol ocurriría el 11 de agosto de 1999; asimismo, predijeron que, ese año, sería uno de los más movidos de la historia de los últimos 5125 años. Para ellos, ese fue el comienzo de CAUAC, el número maya sagrado 19 que pronostica la tormenta, la nube, el trueno, a la gran transformación que precede el cambio de los tiempos. A partir de esa fecha, 13 AHAU, 8 CAUAC (agosto de 1999), comenzaron a correr los últimos 13 años, vale decir, hasta el 22 de diciembre de 2012; en síntesis, comienza a avanzar el último tiempo del que dispone la humanidad, la última oportunidad para nuestra civilización, los últimos tiempos para realizar los cambios que nos conduzcan al momento de la regeneración espiritual y a una Nueva Era Dorada Planetaria. Para los mayas, absolutamente todo es número; asimismo, afirman que el tiempo de los 13 números sagrados comenzó en agosto de 1999. Ellos predijeron que, a partir de este eclipse, las fuerzas de la Naturaleza actuarían como el catalizador de una serie de cambios tan acelerados y de tal magnitud, que el hombre se vería impotente para contenerlos. La seguridad que tenemos en todos los sistemas y en la tecnología que hemos creado a nuestro alrededor, comenzará a flaquear. Ya no podremos aprender nada más de esta civilización, de la forma cómo estamos organizados socialmente; dijeron que nuestro desarrollo interno necesita un lugar mejor y otra manera de relacionarnos, más armónica, más amorosa y respetuosa entre todos los seres del Planeta, del Sistema Solar y de la Galaxia en su conjunto.

Nuestros científicos contemporáneos confirmaron, justamente, todas las predicciones efectuadas por los mayas, con relación a este “Eclipse Anular”. Ellos aseguraron que, justamente, el eclipse de 11 de agosto de 1999, iría a ser muy especial; ese día, la Tierra estuvo en su posición más cercana al Sol, y, la Luna, en la posición más lejana a la Tierra. Por eso, al interponerse la Luna en el camino del Sol, no alcanzó a taparlo completamente y sólo tapó su centro y, desde la Tierra, pudimos ver un anillo de fuego recortado contra el cielo. Además, por la noche de ese mismo día, la cola del Cometa Swift Turttle produjo miles de chispazos de luz –una verdadera lluvia de estrellas-. Estas últimas, también llamadas”Las Perseidas”, son una lluvia de pequeños meteoritos que, cuando entraron a la Atmósfera de la Tierra, se vieron como miles de estrellas fugaces. Para terminar las coincidencias entre las predicciones de los mayas y nuestros científicos de hoy, es necesario remarcar que, ese 11 de agosto de 1999, prácticamente, todos los planetas y el Sol se encontraron en la “Posición de Cruz Cósmica” con la Tierra. Frente a la Tierra, la Luna estuvo tapando al Sol, Marte a su derecha, Júpiter y Saturno a la izquierda, Urano y Neptuno estuvieron a sus espaldas. Por su parte, Venus estuvo casi en posición de alineamiento de la “Cruz Cósmica”, aunque recién, una semana más tarde, vale decir, el 18 de agosto de 1999, la posición de Venus coincidió exactamente con la posición detrás del Sol, lo mismo que Mercurio. En ese momento, la Luna se había movido a la derecha y estaba en línea con Marte. Ese 18 de agosto de 1999, es el día en el que todos los Planetas del Sistema Solar, a excepción de Plutón, a partir del eclipse que tuvo lugar en la semana del 11 al 18 de agosto, estuvieron perfectamente alineados, formando una “Cruz Cósmica” con centro en la Tierra.

Como una reflexión muy importante para los Astrólogos, en esa Cruz Cósmica, los signos del Zodíaco ocupados por los Planetas fueron: Leo, el león; Escorpio, el águila; Acuario, el hombre; y, por último, Tauro, el toro. Precisamente, esos son los símbolos de los Cuatro Evangelistas, de los Cuatro Custodios del Trono que protagonizan el Apocalipsis según San Juan. En el Apocalipsis, el primer viviente era semejante a un león; el segundo semejante a un toro; el tercero tenía semblante de hombre y, el cuarto, era semejante a un águila voladora. Por lo tanto, este eclipse fue muy significativo, desde el punto de vista religioso cristiano.

Para las antiguas culturas, los eclipses eran un símbolo de cambio en el orden natural de las cosas. Curiosa y sugestivamente, durante este eclipse entre el 11 y el 18 de agosto de 1999, la sombra que proyectó la Luna sobre la Tierra –al eclipsar al Sol- es decir, la Umbra, tuvo un recorrido bastante misterioso. Esta sombra proyectada sobre la faz de la Tierra, atravesó Europa, pasando exactamente por los Balcanes, por Kosovo, para luego proseguir hacia el Medio Oriente, particularmente, Irán e Irak, para finalmente dirigirse a Pakistán e India. Coincidentemente, la oscuridad generada por el eclipse y la consiguiente “Cruz Cósmica” pasó por todos los sitios que, en la actualidad, representan un permanente conflicto potencial en el Planeta. Ese fue otro aviso más de los mayas para que, los hombres y mujeres de hoy, tomemos conciencia de los peligros potenciales ocasionados por nuestros pensamientos de odio y separación.

La cultura, la ciencia, la religión y el arte maya, estuvieron basados en su relación con el Sol. Ellos creían que el Sol era la única manera de comunicarse HUNAB KÚ –el Dios que está en todas partes- su único Dios. Para los mayas HUNAB KÚ es un organismo gigantesco que nos contiene a todos en su interior; ellos afirman que su corazón y su mente están en el centro de nuestra Galaxia, y que sólo a través del Sol, se podían comunicar y dirigir espiritualmente a él. Por eso, su interés fundamental en el Sol, en KINICH – AHAÚ. Sabían que cualquier cosa que les sucediera, les afectaría su vida irremediablemente, y que además, ésta era la única manera de llegar al cielo, a los mundos superiores, a HUNAB KÚ.

Los mayas construyeron sus maravillosas ciudades, sus sitios ceremoniales y sus pirámides al Sur de México, en la Península de Yucatán, Honduras y Guatemala. Allí, dejaron grabados en la piedra, sus “Mensajes del Tiempo”, los recorridos del Sol, de la Luna, de Venus, y el camino que debemos recorrer para que la humanidad se dirija hacia el crecimiento y la luz de una Nueva Era, y no hacia el materialismo, la oscuridad y la autodestrucción. El término “Maya” viene de “Mayab” que significa “sitio del Planeta Tierra llamado Yucatán”. Para los hindúes (indios), “maya” significa “ilusión”; para ellos, todo lo que cambia es ilusión, en tanto que, lo que permanece, lo que no cambia, lo eterno es el espíritu. Maya también significa “mente”, “magia”, “madre”.

Maya, Maia y María son una misma palabra. Curiosamente, la madre de Buda se llamaba Maia y la madre de Jesús, María. Nuestro mes de mayo lleva ese nombre en honor de la diosa romana Maya, la diosa de la Primavera, del florecimiento. En filosofía esotérica, la palabra “maya” significa: “mente que se libera del cuerpo para moverse a grandes distancias, con plena conciencia de sus actos”. ¿Tendrá este último significado algo que ver con la desaparición de casi todo el pueblo maya, en el año 830 d.C.? Desaparecieron de manera voluntaria y consciente, abandonando sus ciudades y sus casas en el momento de mayor desarrollo de su civilización.

La Primera Profecía tuvo su origen gracias a los estudios que hace 1200 años efectuaron los mayas sobre el Sol, estudios que les permitieron descubrir que el Sistema Solar entero se movía, que el Universo tiene ciclos o, si se quiere, períodos de tiempo repetitivos que comienzan y terminan, como el día y la noche. Descubrieron que nuestro Sistema Solar se desplaza sobre una elipse que lo aleja y lo acerca del centro de la Galaxia; en otras palabras, el Sol y todos los planetas se mueven en ciclos en relación con HUNAB KÚ, la luz central de la Galaxia. Encontraron que esa elipse, ese giro completo, ese ciclo que realiza el Sistema Solar, dura 25.625 años. A este ciclo lo llamaron “El Día Galáctico”. Cuando el recorrido llega a la mitad, es decir, tras 12.812 años, significa que estamos cerca del Centro de la Galaxia, cerca de la luz, es decir, iluminados, lo cual sucede en el “Día de la Galaxia” . En la otra mitad del recorrido, vale decir, durante los otros 12.812 años, nuestro Sistema Solar está cada vez más lejos de la luz central o, si se quiere, en la sombra, en la “Noche de la Galaxia”. En otras palabras, se podría decir que “hay día y hay noche en la Galaxia”; sucede lo mismo que en nuestro Planeta, pero a una escala mucho mayor, donde cada día y cada noche de la Galaxia, duran 12.812 años.

Los mayas descubrieron también que cada Gran Ciclo contiene, a su vez, ciclos menores que tienen la misma secuencia y las mismas características que los ciclos mayores, sólo que, a diferente escala. Esos días y noches de la Galaxia, tienen a su vez, ciclos menores, como los que suceden en nuestro Planeta. El Día Galáctico de 25.625 años, está dividido en 5 ciclos de 5125 años cada uno. El Primer Ciclo es el “Amanecer o Mañana Galáctica”, cuando el Sistema Solar acaba de salir de la oscuridad, para entrar en la luz. Este es un período de gestación, de conformación. El Segundo Ciclo es el “Medio Día Galáctico” donde el Sol Central es muy fuerte, una etapa de desarrollo que culmina en su mayor expresión. El Tercer Ciclo es la “Tarde Galáctica”, donde se comienza a sentir menos luz. Luego viene el Cuarto Ciclo, el “Atardecer Galáctico” que se convierte en noche, donde se realiza una toma de conciencia de todo lo hecho. Finalmente, la conclusión del “Día Galáctico”, el Quinto Ciclo, la “Profunda Noche Galáctica” que termina dando paso a un “Nuevo Amanecer”, vale decir, a otros 5 nuevos ciclos y, así, eternamente.

La Primera Profecía nos dice que, en 1999, el Sistema Solar en su conjunto, comenzaría a salir del último de esos ciclos, por lo cual, al presente, nos encontraríamos en el “Amanecer de la Galaxia” , saliendo de la oscuridad, y a punto de entrar en el “Pleno Día Galáctico” . Los mayas dicen que, tanto al final como al inicio de estos ciclos, es decir, cada 5125 años, el Sol Central de la Galaxia, HUNAB KÚ, emite un rayo de luz, muy intenso, que brilla poderosamente, iluminando a todo el Universo. Mediante este brillo o, si se quiere, a través de este rayo de luz, el Sol Central de la Galaxia procede a sincronizar a todos los planetas y soles de la Galaxia. Es como el latir lumínico del “Corazón de la Galaxia”, el cual palpita cada 5125 años. Ese brillo o resplandor inmenso es el “Período de Transición” que marca el final de un ciclo y el comienzo de otro, el cual dura 20 años, o si se quiere, un KATÚN.

Precisamente ahora nos encontramos en ese período de 20 años, en “El Tiempo del No – Tiempo” . Es un momento evolutivo, una etapa corta pero intensa, dentro de los grandes ciclos, donde suceden cambios muy rápidos, para completar una experiencia o impulsarnos hacia una nueva etapa de evolución, como individuos y como humanidad.

La Primera Profecía habla de un ritmo, de un orden que existe en el Universo. El hombre maya era bastante poderoso; dominaba y poseía el número, el cual le permitía hacerse dueño del tiempo. Su cuenta le permitía saber que todos los Planetas tienen ciclos y giros invariables. Desde el año 1992, la humanidad del Planeta Tierra se encuentra inmersa en el “Período del No – Tiempo” y, como individuos, tenemos que tomar una decisión que nos afectará a todos. Si continuamos en este curso negativo de odios, de los unos por los otros, de destrucción de la Naturaleza, de miedo y egoísmo, iremos directo a la destrucción, de vuelta al caos, y desapareceremos como especie pensante del Planeta. Sin embargo, si tomamos conciencia y nos damos cuenta de que todos formamos parte de un organismo gigantesco, que debemos amarnos y respetarnos los unos a los otros, que al dar, recibimos, que debemos sanar a la Madre Tierra y ocuparnos de su purificación y limpieza, iremos directo al crecimiento positivo. La Naturaleza, nuestro Sol y la Galaxia están esperando nuestra decisión. De ello depende cómo se sucede el “Cambio de los Tiempos”, si en medio del dolor, destrucción e inconciencia o, por el contrario, nos encontrará unidos en una misma conciencia positiva, dirigidos a la perfección, vale decir, hacia el siguiente peldaño evolutivo.

La historia de lo que se ha descubierto de los mayas comienza el año 600 a.C.. En el Monte Albán aparecieron unas enormes piedras talladas con el primer registro del lenguaje de los mayas, los números. Figuras danzantes con los números mayas, la concha en forma de boca que representa el número cero (0), el punto, que representa el número uno (1), y la línea, que representa el número cinco (5). Pero recién, en el año 300 d.C. comienza realmente el desarrollo de lo que podemos considerar maya, de aquellos seres que dedicaron su vida a estudiar y registrar la Galaxia. Después de casi 600 años de intensa actividad constructora y de un asombroso desarrollo científico, en el año 830 d.C., súbitamente desaparecieron en forma misteriosa, abandonando todo y dejando intactas sus casas, sus ciudades y sus templos, los cuales poco a poco, fueron devorados por la selva.

Quedaron algunos pocos custodios a cargo de lo abandonado, una especie de supervisores de la herencia que nos dejaron. Así, habían pasado aproximadamente, 200 años desde aquel inicial abandono de la mayoría de sus ciudades, las cuales son comidas por la selva y, en ese momento, algunas de ellas son repobladas nuevamente. En el año 949 d.C., el rey Tolteca Topilsince Akoatl, a quien también llamaban “Quetzalcóatl” o “Serpiente de Luz Emplumada” , condujo a su pueblo hacia el Sur, huyendo de la invasión bárbara de los Chichimecas del Norte, quienes habían destruido su ciudad Capital llamada Tula.

De esa manera, los toltecas ocuparon nuevamente algunas de las ciudades mayas abandonadas y las hacen renacer, aunque nunca pudieron llegar a los mismos niveles de desarrollo de sus predecesores. De esta manera, es posible afirmar que la época maya – tolteca dura desde el año 1000 d.C. hasta el año 1350 d.C., aproximadamente, durante 3 siglos y medio de un renacimiento, después del cual comenzaron a desaparecer lentamente. Así, el año 1500 d.C., cuando llegan los conquistadores españoles, la mayoría de sus ciudades estaban nuevamente cubiertas por la selva y, para el año 1700 d.C., lo poco que quedaba de ellos, prácticamente, ya no existía. Sin embargo, de las investigaciones sobre las ruinas de sus ciudades, acerca de los estudios de las fechas y números tallados en sus muros, de su exacto Calendario, de sus Códices y Libros Sagrados, hoy están reapareciendo los conocimientos mayas y se está descifrando su misterioso mensaje de alerta y esperanza.

LOS DUEÑOS DEL TIEMPO:

La Primera Profecía Maya habla de un rayo sincronizador de luz que brilla cada 5125 años y que afecta el comportamiento del Sol. En diciembre de 1996, un Satélite enviado por la NASA para investigar al Sol –el Soho- se encontró con una sorpresa, es decir, que el Sol ya no tenía Polos Sur y Norte; en otras palabras, el Sol se había convertido en un campo magnético homogéneo. En enero de 1997, una impresionante tormenta geo-magnética ocasionó una enorme radiación solar que destruyó el Satélite Telstar 401 de la AT&T. En diciembre de 1997, la NASA detectó que el centro de nuestra Galaxia, comenzó a enviar inmensas cantidades de energía hacia el Universo.

Desde entonces, ha quedado demostrado que el campo electromagnético de la Tierra, conformado por una serie de líneas de fuerza que se encuentran alrededor del Planeta y que actúan como un imán, se ha movido y disminuido su potencia, a partir de una medida de 4 Gauss en 1996, a 1.5 Gauss para el año 1999. Gauss es una unidad de medida de fuerza por centímetro cuadrado de superficie, es decir, esta medida del campo electromagnético de la Tierra se está acercando a cero (0), lo cual es bastante grave. Al respecto, los rusos hicieron ensayos con sus Cosmonautas fuera del campo magnético de la Tierra, apagando un campo magnético artificial que era generado por sus naves, es decir, con magnetismo cero (0). Encontraron que, al principio, los Cosmonautas se agitaban, luego se ponían agresivos entre sí, y, por último, los Cosmonautas enloquecían completamente y nunca recuperaban la razón. En otras palabras, la fuerza electromagnética actúa como el pegante de la conciencia y de la razón. Cuando esta fuerza se acaba, la gente enloquece.

El hombre tiene la tecnología para producir campos electromagnéticos; además, todos los seres humanos tenemos nuestro propio campo electromagnético, el cual, sólo debemos aprender a activarlo conscientemente. Esto se puede hacer de varias maneras: una de ellas es utilizando la meditación y la respiración; al respecto, tenemos que prepararnos. En los últimos años, la disminución de la intensidad del campo electromagnético de la Tierra, ha causado que los pájaros que migran entre los países, utilizando –como guía- las líneas de ese campo de fuerza, pierdan el rumbo. Igual situación está ocurriendo con las ballenas que encallan perdidas en las playas.

En las últimas dos semanas de septiembre de 1994, sucedió un bamboleo en el campo electromagnético de la Tierra, que obligó a los aviones en vuelo, a aterrizar manualmente y no utilizando sus instrumentos de vuelo. La situación pareció normalizarse en octubre, un mes más tarde. Sin embargo, dos años más tarde, durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1996, se registró una anomalía mucho más grande y larga; el Polo Sur Magnético se desplazó erráticamente, moviéndose hasta 17° (17 grados) en un día. Después, este Polo regresó definitivamente, casi al lado de su ubicación original, obligando a todos los aeropuertos del mundo, a reimprimir sus mapas aeronáuticos.

A propósito, el Aeropuerto O’ Hara de Chicago, en Estados Unidos, cambió de 2 a 1.5 grados. Otra cosa que comenzó a cambiar fue la frecuencia de vibración o de resonancia Schuman –la cual opera como una frecuencia cardiaca del Planeta, el ritmo- subiendo de una frecuencia inicial en 1997, de 7.8 Hertz o latidos por segundo, para entenderlo mejor, a los 11.5 Hertz para 1999. Consiguientemente, es posible afirmar que el Planeta se está agitando, lo cual implica que, con seguridad, nuestros científicos sí saben lo que está pasando, y obviamente, están de acuerdo con lo que encontraron los mayas, hace 1200 años.

LOS MAYAS Y LA ASTRONOMÍA:

Durante siglos, miles de sacerdotes, astrónomos y matemáticos mayas se dedicaron a medir, registrar y estudiar, diariamente, durante siglos, al Sol y a todas las estrellas y planetas. Hace 1200 años, los mayas estuvieron tan avanzados, que fueron capaces de calcular la distancia que recorre nuestro Planeta anualmente alrededor del Sol, calculando con tanta precisión que hoy, la NASA, solo difiere en centímetros con la distancia que obtuvieron los mayas. Calcularon que la Tierra daba la vuelta alrededor del Sol (el año solar) en 365.2420 días. Hoy, el año de Greenwich es de 365.2422 días, existiendo una increíble diferencia de tan sólo 17 segundos y 28 centésimas de segundo, es decir, una diez milésima por año.

También fueron capaces de medir la duración del año del Planeta Venus y los establecieron en 584 días. Hoy la NASA dice que el año venusino es de 583.92 días por año, prácticamente lo mismo. Descubrieron el momento exacto del cambio de las Estaciones, de los equinoccios, dejándolo convertido en un espectáculo de luz y sombra; un monumento a su saber. Hoy, la Pirámide de Kukulcán, en Chichén Itzá, es una de las principales atracciones turísticas del mundo. ¿Cómo pudieron hacer estos cálculos tan exactos, sin tener instrumentos de precisión? Con seguridad, su ciencia astronómica estaba 1000 años más adelantada con relación a todos sus contemporáneos. Sus más altos sacerdotes –los AHAU KINES- estaban dedicados al registro diario y al estudio de los movimientos del Sol, la Luna, todas las estrellas y planetas. Encontraron los pulsos que recibe cíclicamente el Sistema Solar, desde el centro de la Galaxia. Construyeron ciudades como Tulúm, rodeada por murallas, no para su defensa, sino para su utilización como puntos de referencia de la aparición del Sol y de los planetas.

LOS GRANDES MATEMÁTICOS MAYAS:

En matemáticas eran mucho más avanzados, habiendo descubierto el “cero” (0), quinientos años antes que los árabes. Su sistema aritmético era vigesimal, es decir, contaban de 20 en 20, el mismo número de dedos que tenemos en las manos y los pies. Este era un sistema con base en el número 2, lo que lo convierte en un sistema binario exponencial, un sistema matemático armónico con el Universo, el mismo que utiliza la Naturaleza para la división de las células. También utilizaron los números de manera simbólica, convirtiéndolos en entidades mágicas, seres armoniosos que cuentan una historia como el I – Ching.

EL CALENDARIO MAYA:

Tenían el Calendario más exacto hecho por cualquier civilización antigua sobre la Tierra, de hecho, mil años más adelantados que sus contemporáneos. Un Calendario que hoy sirve para sincronizar el ciclo de la Tierra, la Luna y el Sol con ciclo del Universo.

LOS MAYAS Y LA AGRICULTURA:

Los mayas también fueron muy avanzados en su manera de cultivar la tierra y cosechar los alimentos para todo su pueblo. Construyeron en El Petén, una red de canales para drenar el agua y mantener el suelo bien irrigado. Precisamente, desde los Satélites, la NASA los detectó con rayos infrarrojos.

EL ARTE Y LA ARQUITECTURA MAYAS:

Su arte era absolutamente bello; los bajo relieves y las esculturas en piedra tienen una elegancia clásica. Las delicadas figuras de cerámica de sus soberanos, sacerdotes, artesanos y de todo el mundo, hacían las veces de “fotos de la época”. Son uno de los documentos más importantes para poder entender su vida, sus costumbres y así poder llegar hasta su mente y su corazón. Es impresionante la cantidad de monumentos y ciudades que construyeron; vivían como los griegos, en ciudades – Estado. El hombre maya vivía en bohíos de paja y bareque, alrededor de los palacios principales donde vivían los nobles, altos sacerdotes, príncipes y el Soberano. Las Pirámides eran torres para las divinidades, una suerte de “escaleras al cielo” que suben a los Templos dedicados a las esencias de todas las cosas. La unidad del pueblo maya la sentimos en su arquitectura; se pasaban siglos construyendo un proyecto, con un plan perfectamente trazado y diseñado al detalle. Eran tan avanzados que utilizaron la producción en serie, en la que todos los elementos repetitivos de sus Palacios eran diseñados modularmente y, luego, se producían de manera industrial, para ensamblarlos con increíble precisión.

Con bajo relieves tallados en piedra, enormes esculturas y pinturas murales adornaban sus Palacios; colocaban “estelas” que son grandes piedras talladas, donde se contaba la vida de su Soberano, en sus plazas y caminos. A su vez, en los muros de sus palacios, narraban la historia de los acontecimientos colectivos. Igualmente, utilizaban los techos y el piso de sus plazas para recoger y canalizar el agua, que en Yucatán es muy escasa, hacia enormes depósitos colectivos, los cuales recibían el nombre de “Chultunes”.

CHAC, que es la esencia de la lluvia, los reunía a todos a su alrededor. Mientras construyeron sus pirámides y observatorios, encontraron una manera de conocer el Universo. Inventaron su sistema para registrar los procesos naturales, lo estudiaron, lo organizaron, lo consolidaron y lo dejaron escrito en la piedra, como un monumento a la sabiduría. Construyeron, con una tecnología que seguramente se perdió en el tiempo, como las huellas en la arena. Al fin y al cabo, cada nuevo invento borra y desaparece a la tecnología que reemplaza. Así, el ábaco fue borrado por la tabla logarítmica; ésta fue borrada por la regla de cálculo, la cual, a su vez, desapareció con la calculadora, y, así, sucesivamente. A pesar de que no la utilizaban, los mayas conocían la rueda; al fin y al cabo, los arcos del juego de la pelota, eran circulares. ¿Sería que no la necesitaban? Seguramente utilizaban una tecnología distinta a la nuestra. Creer que todo necesita ruedas para moverse, es como pensar que los ocupantes de una nave espacial, deberían bajar en bicicleta a la superficie del Planeta al que visitan.

La mayor parte del pueblo maya desapareció sin dejar ningún rastro; súbitamente, abandonaron sus casas, sus templos y sus ciudades, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante. La única manera para contestar a esta inquietud, es a través de lo que hicieron, de lo que hemos encontrado de su vida diaria, de sus muestras evidentes de sabiduría. Son muchas las preguntas que todo esto nos genera. ¿Será que los mayas aprendieron a utilizar la mente más allá del 10% de lo que nosotros la utilizamos? ¿O es que lograron obtener niveles altísimos de energía vital, después de largos procesos de purificación? ¿Será que utilizaron –mántrans- es decir, palabras sagradas repetidas rítmicamente en sus ceremonias místicas, para producir estados alterados de conciencia colectiva, así como momentos de unidad y de sensibilidad especial? ¿A dónde se fueron sus sacerdotes, sus astrónomos y sus matemáticos? ¿Pudieron abrir una puerta a otro espacio, a otro tiempo, a otra dimensión de realidad, tal vez paralela a la nuestra, pero más elevada? Como dice la Biblia, sabemos que muchos antiguos Profetas –al abrir esa puerta- se convirtieron en una brillantísima esfera de luz y abandonaron conscientemente este mundo.

Ahora, ¿qué ciclo fatal descubrieron en el Sol? ¿Por qué nos hablan a través de los números? ¿Por qué interrumpen su Calendario, precisamente, en nuestra época, una época alrededor del cambio de milenio? ¿Será que quieren llamar nuestra atención hacia estas fechas? Estamos en un momento que, como individuos, tenemos que tomar una decisión que nos afectará a todos, ya que si continuamos en este curso negativo de odio, de los unos contra los otros, de destrucción de la Naturaleza, de egoísmo, iremos directo a la destrucción, de vuelta al caos.

De manera anticipada, la Primera Profecía de los Mayas nos enfrenta con la muerte; sólo la inminencia de ella nos obliga a realizar un juicio sobre nosotros mismos, sobre la manera en que vivimos. Si el resultado de ese juicio es insatisfacción, tristeza, sufrimiento y angustia, considerémoslo como una bendición, ya que estamos tomando conciencia de lo que estamos haciendo mal, o, si se quiere, de nuestros errores.

A partir de 1999 y hasta el año 2012, a la humanidad le quedan sólo 13 años, el tiempo exacto para que cambiemos y nos impulsemos juntos hacia una era de paz y de armonía.

En la descripción de la Segunda Profecía Maya, se verán los conceptos que tenían sobre el tiempo, su calendario y su visión cíclica sobre la vida. Esta Segunda Profecía dice que, a partir de agosto de 1999, la locura comenzaría a apoderarse del Planeta, que la única manera de evitarlo, es a través de nuestra sincronización con los ritmos de la Naturaleza. Igualmente, al describir esta nueva Profecía, se verán muchas cosas mágicas y misteriosas referidas a la Pirámide de Kukulcán.

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