Etapas de la pérdida.


Como todo en esta vida, la aceptación de una pérdida, ya sea de la salud, de un miembro del cuerpo o de un ser querido, requiere de una serie de etapas previas hasta llegar al punto en que se ha aceptado y aprendido a vivir con ella.

Parker hablaba en 1972 de tres etapas típicas:
– La primera etapa se caracteriza por sentimientos de choque y estupor, acompañados por una fuerte tendencia a negar o ignorar la realidad de lo sucedido.

– La segunda etapa involucra ansiedad, depresión y los llamados “dolores de la aflicción”.

– La tercer etapa surge en el momento en el que las personas pierden la esperanza de recobrar lo que han perdido y comienzan a hacer el ajuste para vivir bajo este nuevo esquema.

Todos los seres humanos contamos con mecanismos que nos ayudan a afrontar una pérdida personal, unos estamos más en contacto con ellos que otros:
Llorar
Es un mecanismo integrado útil para aliviar la tensión y el dolor emocional, y de esta forma restablecer, un poco al menos, el equilibrio interno, ya que através de las lágrimas (llorar sobre el hombro ajeno) se comparten las tristezas con los demás y se obtiene a cambio cierto consuelo emocional debido a sus reacciones de empatía, simpatía y pena.

Manifestación verbal
El alivio emocional que se obtiene al narrar los sentimientos es un elemento muy importante en la psicoterapia, ya que ayuda a liberar la carga emocional llevada por la persona.

Análisis de la situación
En la búsqueda del verdadero significado e importancia de la situación, la persona puede intentar asimilarla en su estructura congnoscitiva y reducir así su angustia.

Buscar apoyo
Las personas relevantes en la vida de quien está enfrentando la pérdida, son necesarios para su sostén psicológico y ayuda emocional hasta que pueda recuperar su equilibrio. La tristeza, a veces, ama la compañía. La ayuda de profesionales competentes es también necesaria para disminuir y acortar el período de angustia y ansiedad.

Dormir
El sueño tiene una función recuperadora, aunque se haga difícil conciliarlo (siempre puede pedir a su médico que prescriba algún medicamento adecuado para lograrlo). El soñar con la persona suele ser terapéutico al familiarizarse en otros niveles con el suceso traumático e integrarlo así, paulatinamente, a la estructura cognoscitiva sin hacer demasiado esfuerzo.

Terapias ocupacionales
El hacer cosas sencillas y agradables diluye la ansiedad al ocupar la mente en fuentes gratificadoras.

Viajar
Conlleva un cambio de ambiente y situaciones menos lacerantes. La terapia de distracción es muy importante en aras de recuperar al menos parte del equilibrio mental perdido.

Consuelo
La persona amada está bien y no quiere ser la causa de nuestros sufrimientos. La muerte es el regreso a un estado primordial en el que no existe sufrimiento, ni angustia, ni ansiedad. Y esto está científicamente demostrado. El ser amado nunca hubiera querido nuestro sufrimiento, entonces, ¿porqué sufrir sin límite ni medida?

Mi ser amado vive y actúa
Es nuestro protector, nos ayuda a superar las dificultades de la vida. Es nuestro benefactor en un plano existencial superior. Todas las culturas, a través de la historia, han practicado de una u otra forma el culto a los muertos como una terapia contra la privación del ser querido: lo mitifican.

Fragmento copiado de forma no del todo fiel del libro “Cuando un hijo se va… reflexiones en torno a la muerte” de Primitivo Martínez Fernández, Editorial Lumen

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