Evita Perón y su construcción como fenómeno político, cultural y religioso en Argentina.

Eva María Duarte, nació el día 7 de Mayo de 1919 en la estación “Los Toldos”,
provincia de Buenos Aires.
Su padre, Juan Duarte, tenía dos familias paralelas. Hacia 1920, abandonó a su familia de Los Toldos y regresó con la de Chivilcoy. En 1930, Evita y su familia, emigraron a Junín (provincia de Buenos Aires), donde terminó sus estudios en la escuela primaria para luego comenzar la secundaria.
Ya desde pequeña, participó en obras de teatro reafirmando su deseo de dedicarse a la vocación artística. Cinco años más tarde Evita llegó a Buenos Aires para comenzar con su carrera artística.

A partir de ese momento, comienza a trabajar de lo que siempre había querido: tuvo papeles en obras de teatro y en el cine, realizó programas radiales, publicidades y fue protagonista de radioteatros.
Hacia 1944, cuando tenía 26 años, tuvo su primer encuentro con Perón.
Durante todo ese año Evita continuó con su carrera artística, mientras se hacía inseparable del General.

Al año siguiente ,en la jornada del 17 de Octubre de 1945 miles de trabajadores marcharon hacia Plaza de Mayo pidiendo la libertad de Perón (detenido días antes), quien habló a su pueblo saliendo al balcón de La Casa Rosada.
Ésta fue la primera vez que Evita logró reunir a la multitud en nombre de Perón. Ella, también se encontraba entre ellos pidiendo por la libertad del General.

Luego de la liberación de Perón, Evita y él, viajaron a Junín donde formalizaron su matrimonio civil. Y el 10 de Diciembre del mismo año, realizaron la ceremonia religiosa, en la ciudad de La Plata.

Al contraer matrimonio, ella da por finalizada su carrera artística para dedicarse a la política.

Durante la campaña pre-electoral se mantuvo junto a su esposo. Ambos realizaron giras por el interior del país (Noroeste, Cuyo, Litoral, San Luis Córdoba, Buenos Aires) promoviendo al peronismo.
El 24 de Febrero se realizaron las elecciones de 1946 ganadas por Perón con la fórmula Perón-Quijano.

Durante 1946 y 1947, Eva desarrolló su personalidad política y social, y emigró con prestigio frente a los sindicatos que se renovaron a través del movimiento obrero de esa década.

Ya en el poder, ella trabajaba en la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde dedicaba las horas de su trabajo a recibir a las personas humildes; a sus seguidores, a los que llamaba sus “grasitas” ó “descamisados”; para ayudarlos a resolver sus problemas, ya que supo desde chica de la miseria y las humillaciones que viven los más humildes.

La acción de Eva en el poder fue ante todo social. En lo político, se redujo a organizar la rama femenina del partido peronista.

Con respecto a la acción social, entregaba alimentos, ropa, frazadas, máquinas de coser, juguetes a los niños, concurría a barrios pobres, recibía visitas de niños, ancianos, hombres y mujeres con diferentes problemas, .etc.

En 1950 se inauguró la “Fundación Eva Perón” que tenía como objetivo la ayuda social, la construcción de viviendas para familias indigentes, la creación de establecimientos educativos, hospitalarios y recreativos, la colaboración para realizar obras de interés general, la construcción de hogares de ancianos y la acción turística.

En 1947 recibió una invitación para visitar España, por lo tanto decidió realizar un gira por Europa.

Una de las grandes preocupaciones de Evita, era la situación social y política de la mujer, por eso, tomó sobre sí la responsabilidad de lograr la aprobación de una ley que permita a la mujer sufragar.

En medio de la adoración de los peronistas, del odio de la oposición y entre las incesantes tareas de la fundación, su salud comenzó a presentar signos alarmantes a fines de 1949.

En 1950 Eva se sometió a una operación de apendicitis. Sin embargo, había sido revisada por el doctor Ivanissevich quien manifestó que el estado de salud de la señora no era alentador. Luego de recuperarse de la operación, recibió una mala noticia: padecía de cáncer de útero.
Consciente de su final inevitable, el último año de su vida joven lo consumió en un intento por preservar el gobierno y comenzó a trabajar con mayor intensidad que antes.

Mientras su salud se deterioraba aceleradamente, la CGT quiso ir contra el destino. Organizó el Cabildo Abierto del Justicialismo, para ofrecerle la candidatura de vicepresidenta de la Nación, compartiendo así con su esposo la fórmula que encabezaría para postularse a la reelección presidencial de 1951.

Pero, por presiones militares y por la enfermedad que la aquejaba, debió renunciar a la nominación en el mismo acto que se había montado para consagrarla.
Antes de hacerlo mantuvo un diálogo memorable con la multitud que en la noche del 22 de Agosto le exigía que aceptara.

Dos meses después, el 17 de Octubre, para premiar su renunciamiento, Perón la premió, frente a la multitud y en los balcones de la casa de gobierno, con la Medalla de Lealtad Peronista. El discurso de Eva fue una despedida anticipada: agradeció a quienes habían rogado por su salud y profesó su fe de peronista incesante.

Hacia el 22 y 31 de Agosto se aceleró su deterioro físico. El lunes 24 de Septiembre debió guardar cama, y a partir de ese momento ya no volvió a realizar agotadoras jornadas de trabajo.

El 28 de Septiembre se produjo el primer intento para derrocar a Perón, encabezado por el General Benjamín Menéndez.
Las fuerzas con que contaban los complotados eran notablemente escasas.
Por la tarde Perón se dirigió al pueblo exigiendo un castigo a los rebeldes.

Hacia la noche, Eva utilizó los micrófonos de la radio y agradeció a sus descamisados, la lealtad que nuevamente demostraron por el líder.
El 15 de Octubre recibe una alegría. Se lanza a la calle la primera edición de “La Razón de mi Vida”, un libro que había escrito sobre sus sentimientos, sus pensamientos y sobre su propia vida. En las primeras páginas del libro, advierte:”…en todo lo que he escrito, el menos advertido de mis lectores no encontrará otra cosa que la figura, el alma y la vida del General Perón y su entrañable amor por su persona y por su causa”.
Este texto autobiográfico se convirtió en una lectura obligatoria escolar.

A partir de Noviembre (1951) Eva es internada para someterse a una operación, la cuál fue realizada el 5 del mismo mes, sin éxito. Ella podía morirse de un momento a otro, ya que no seguía las indicaciones del médico.

El 11 de Noviembre se realizaron nuevas elecciones. Era la primera vez que la mujer Argentina votaba.
Eva se encontraba internada por lo cuál votó desde el hospital. (le acercaron una urna hasta allí).

El 1º de Mayo de 1952 Eva habló por última vez en público desde un balcón de La Casa Rosada. Le costó un gran esfuerzo; tanto que al término de su palabra cayó en brazos de Perón.

El 4 de Junio de 1952, participó de la asunción del mando de la presidencia de su marido. Su frágil figura (de sólo 33 kg) se perdía dentro de un inmenso tapado de piel, y para poder mantenerse en pie durante el desfile por las calles, su cuerpo estaba sostenido por un corset de alambre y yeso.

El 26 de Junio se informaba por la radio sobre el grave estado de salud de la primera dama.
En el cuarto boletín del día se comunicó al pueblo que a las 20:50 hs, había fallecido la señora Eva Perón.
Su muerte sumergió al país en un luto obligatorio con un prolongado duelo.
Infancia y adolescencia

Su historia comenzó un 7 de mayo de 1919, en Los Toldos, cuando Juana Ibarguren dio a luz. La precedían cuatro hermanos: Elisa, Blanca, Juan y Erminda. Su padre, Juan Duarte, había llegado allí a comienzos de siglo y había arrendado el campo de La Unión con ánimo de prosperar. Pertenecía a una influyente familia de Chivilcoy y allí tenía, de su unión con Adela D’Huart, varios hijos. Hombre próspero y de prestigio entre los conservadores del momento, patrón de estancia, típico puntero en las lides políticas del momento, fue nombrado suplente del juez de paz en 1908.

Pero 1919 ya no era tiempo de conservadores. Desmontada por Yrigoyen la maquinaria que impedía en las provincias la libre expresión, cayó el bastión conservador de la provincia de Buenos Aires. El intendente Malcom, amigo personal de Juan Duarte, fue reemplazado por el radical José A. Vega Muñoz. La estrella de Juan Duarte comenzó a decaer y las dificultades económicas, a hacerse presentes.

El ofrecimiento de administrar campos en la localidad vecina de Quiroga hizo que se trasladaran allí, donde sólo permanecerían un año. Como Quiroga no ofreció las posibilidades esperadas, regresaron a Los Toldos. La situación se agravó con la muerte de Duarte, que falleció el 8 de enero de 1926 como consecuencia de un accidente automovilístico en Chivilcoy. A partir de entonces, el problema de la subsistencia -recordaría Erminda Duarte en su libro ‘Mi Hermana Evita’- “se convirtió en una lucha que día a día tomaba nuevas formas” (DUARTE, Erminda: “Mi hermana Evita”, Ed. Centro de Estudios Eva Perón, Bs. As, 1972, pág. 20.).

A los ocho años, Eva comenzaba la escuela primaria. Cursó en Los Toldos primero y segundo grado. Al llegar el año 30 Juana decidió partir con su “tribu”, como le gustaba llamar a su familia. Eva fue inscripta en la Escuela N°1 “Catalina Larralt de Estrugamou”, en 3° grado y comenzó a destacarse por su afición a declamar poesías.

Aquello que Eva misma llamaría su “extraña y profunda vocación artística” crecía al amparo del cine del pueblo, de las audiciones radiales y de las colecciones de fotos de artistas. A su amparo, debió también plantearse la primera elección: ¿ser una chica pueblerina y “casadera”, como tantas otras en Junín?, ¿ser maestra, como Blanca?, ¿emplearse, como Elisa? Corría 1935 cuando Eva tenía en claro la respuesta: ser actriz.

La mujer: el voto femenino y el Partido Peronista Femenino

A su regreso de Europa, Eva retomó sus actividades a pleno. Antes de la partida había comenzado a bregar por la obtención del sufragio para las mujeres.

Desde la Secretaria de Trabajo y Previsión, el coronel Perón encaró una política dirigida a las mujeres. En ese ámbito creó la División de Trabajo y Asistencia a la Mujer. Se reflotó la cuestión del sufragio femenino. El 26 de julio de 1945, en un acto celebrado en el Congreso, Perón explicitó su apoyo a la iniciativa. Se formó entonces la Comisión Pro Sufragio Femenino, que elevó un petitorio al gobierno solicitando el cumplimiento de las Actas de Chapultepec, por las cuales los países firmantes que aún no habían otorgado el voto a la mujer se comprometían a hacerlo.

El 3 de septiembre de 1945 la Asamblea Nacional de Mujeres, presidida por Victoria Ocampo, resolvió rechazar el voto otorgado por un gobierno de facto y reclamó que el gobierno fuera asumido por la Corte Suprema. El lema de la Asamblea era: “Sufragio femenino pero sancionado por un Congreso elegido en comicios honestos”. Los sucesos de octubre del 45 pospusieron el tema. La campaña electoral de 1946 puso en evidencia que, ya fuera con el apoyo del laborismo o con el de la Unión Democrática, la mujer, aún sin derechos políticos, había ingresado en la política argentina. Faltaba la legitimación.

Una vez en la presidencia, Perón volvió sobre la cuestión del sufragio femenino. Lo hizo en su Primer Mensaje al Congreso, el 26 de julio de 1946 y en el Plan Quinquenal.

En este marco, Eva emprendió la campaña desde distintos lugares: con los legisladores, con las delegaciones que la visitaban, con las mujeres nucleadas en los centros cívicos, a través de la radio y de la prensa… El mensaje de Eva iba dirigido a un conglomerado femenino extenso, se instaló en las mujeres y ellas pasaron a desempeñar un papel activo: se realizaron mitines, se publicaron manifiestos y grupos de obreras salieron a las calles a pegar carteles en reclamo por la ley. Centros e instituciones femeninas emitieron declaraciones de adhesión. Las mujeres reconocían en Eva Perón a su portavoz. Y el 23 de septiembre, en medio de un gigantesco acto cívico en Plaza de Mayo, se promulgó la ley.

La sanción de la Ley 13.010 implicó la realización de una serie de tareas que hacían a su efectivización. Si el camino para la obtención del derecho había sido arduo, el de la capacitación cívica y el de la preparación de las mujeres para desempeñarse en las lides políticas lo sería aún más. En este último sentido, el 14 de septiembre de 1947 el Consejo Superior del Partido Peronista resolvió modificar sus reglamentos de afiliación, lo cual permitiría, en el futuro, la formación de otro partido peronista, exclusivamente femenino.

Este hecho se concretó el 25 de julio de 1949. En el Teatro Nacional Cervantes se llevó a cabo la Primera Asamblea Nacional del Movimiento Peronista Femenino. Allí nació el Partido Peronista Femenino, cuyo principio fundamental era la unidad en torno a la doctrina y la persona de Perón. Eva fue elegida Presidenta del mismo, con plenos poderes de organización. Las unidades básicas del Partido Peronista Femenino desarrollaron, a la par de la tarea de adoctrinamiento (fueron bastiones en la campaña presidencial de 1951), tareas de acción social.

La acción política dirigida a la mujer cosechó sus frutos en las elecciones del 11 de noviembre de 1951. Votaron 3.816.654 mujeres. El 63,9% lo hizo por el Partido Peronista, el 30,8% por la Unión Cívica Radical. A su vez, el Partido Peronista fue el único de ambos que llevó mujeres en sus listas. En 1952 23 diputadas y 6 senadoras ocuparon sus bancas.

El fin y el duelo

El 18 de julio de 1952 ocurrió una señal de que su vida se estaba apagando. Entró en un aparente estado de coma. Ante tal situación, los médicos llamaron al padre Benítez, un equipo de resucitación y, otro, de oxigenoterapia.

El 26 de julio comenzó normalmente, pero a las 10 Evita entró en un sopor del que ya no saldría. Esto instó a los médicos a realizar el primer comunicado. El último comunicado, a las 20, avisó que la salud de la enferma había empeorado. El lecho fue rodeado por todos sus hermanos y sus más allegados colaboradores. A las 20 y 23 el Doctor Taquini miró a Perón diciendo: “No hay pulso”.

A las 21 y 36 el locutor J. Furnot leyó por la cadena de radiodifusión: “Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la Señora Eva Perón serán conducidos mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente…”.

Un gran silencio comenzó a cancelar todas las actividades del país. Los transeúntes se marcharon a sus casas. Las radios irradiaron música sacra. Cines, teatros y confiterías cerraron sus puertas. Sus últimos deseos, expresados a Perón, habían sido que no quería que su cuerpo se consumiera bajo tierra y que quería ser embalsamada. Se llamó al Doctor Pedro Ara para que hiciera este trabajo.

La CGT decretó un duelo de 72 horas y en las plazas de todos los barrios porteños se erigieron pequeños altares con la imagen de Eva y un crespón negro recordándola. El día 27 su cuerpo se trasladó al Ministerio de Trabajo y Previsión. El multitudinario velatorio se prolongó hasta el 9 de agosto. La cola era de aproximadamente 35 cuadras. La Fundación repartía frazadas para afrontar las adversas condiciones que se presentaron durante el velatorio y hasta se instalaron puestos sanitarios para la atención de las personas que esperaban.

Llegado el 9 de agosto el cuerpo fue trasladado al Congreso Nacional para rendirle los correspondientes honores. Al día siguiente, la mayor procesión nunca vista en Argentina hasta ese momento fue presenciada por 2 millones de personas, a lo largo de Rivadavia, Avenida de Mayo, Hipólito Irigoyen y Paseo Colón. Estuvo precedida por 9 patrulleros de la policía. Más de 15 mil soldados rindieron honores militares y la cureña fue arrastrada por 45 gremialistas y escoltada por cadetes de institutos militares, alumnos de la Ciudad Estudiantil, enfermeras y trabajadoras de la Fundación. A las 17 y 50, mientras la ciudad silenciosa era estremecida por una salva de 21 cañonazos y cornetas del ejército, seis empleados de una empresa fúnebre introdujeron el ataúd en el segundo piso de la CGT, donde el Doctor Pedro Ara lo recibió para efectuar el embalsamamiento, que duraría hasta 1955.
El cadáver

El 12 de agosto el cuerpo fue llevado al segundo piso de la CGT, que fue acondicionado como laboratorio y despacho del Doctor Pedro Ara. Frente al hall de la planta baja se construyó una especie de monolito con la imagen de Evita y una gran cruz. Este monolito se mantuvo florido durante los siguientes tres años. El cuerpo de Eva Perón fue llevado luego al “Monumento al Descamisado” (denominado con posterioridad “Monumento a Eva Perón”).

Iniciada la Revolución Libertadora en 1955, el cuerpo de Evita fue desplazado por distintos lugares de la Ciudad de Buenos Aires. En 1957
se ordenó el traslado -en un operativo secreto- a Italia, bajo el nombre falso de María Maggi de Magistris, al Cementerio Maggiore de Milán, donde estaría enterrada hasta 1971.

A partir de entonces fue incesante el pedido de restitución del cuerpo por parte de la Familia Duarte. El 1° de septiembre de 1971 el cuerpo de Evita fue llevado por un grupo militar desde el Cementerio Maggiore de Milán (Italia) hasta Madrid (España), donde estaba exiliado Perón. Se dispuso entonces que el cadáver permaneciera en Puerta de Hierro (la residencia de Perón en España) para luego ser trasladado a Argentina.

Tras el fin de la proscripción del peronismo y la asunción en 1973 de Perón como presidente se pensó transportar el cuerpo pero la situación de convulsión interna -unida al deterioro de la salud y posterior muerte de Perón- imposibilitaron que se realizara en vida del esposo de Evita.

Recién el 11 de noviembre de 1974 retornaron los restos de Eva Perón, en un operativo llevado a cabo por el Ministro de bienestar Social, José López Rega y miembros del grupo A.A.A, quienes tuvieron el cuerpo de Evita junto con el de Perón en una capilla ardiente en la residencia Presidencial de Olivos, sin que la Familia Duarte tuviera acceso.

El 22 de octubre de 1976 la dictadura militar dispuso la restitución del cuerpo de Eva Perón a sus familiares. El cuerpo fue llevado a su bóveda, bajo estrictas normas de seguridad, al Cementerio de la Recoleta, donde hoy descansa en pazFrases
“Vosotras mismas, espontáneamente, con esa cálida ternura que distingue a las camaradas de una misma lucha, me habéis dado un nombre de lucha: Evita. Prefiero ser solamente Evita a ser la esposa del Presidente, si ese ‘Evita’ es pronunciado para remediar algo, en cualquier hogar de mi Patria…”
(27 de febrero de 1947)

“…Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa pública y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numérico dentro de la sociedad. Ha llegado la hora de la mujer que piensa, juzga, rechaza o acepta, y ha muerto la hora de la mujer que asiste, atada e impotente, a la caprichosa elaboración política de los destinos de su país, que es, en definitiva, el destino de su hogar. Ha llegado la hora de la mujer argentina, íntegramente mujer en el goce paralelo de deberes y derechos comunes a todo ser humano que trabaja, y ha muerto la hora de la mujer compañera ocasional y colaboradora ínfima. Ha llegado, en síntesis, la hora de la mujer argentina redimida del tutelaje social, y ha muerto la hora de la mujer relegada a la más precaria tangencia con el verdadero mundo dinámico de la vida moderna.”
(12 de marzo de 1947)

“… La mujer del Presidente de la República, que os habla, no es más que una argentina más, la compañera Evita, que está luchando por la reivindicación de millones de mujeres injustamente pospuestas en aquello de mayor valor en toda conciencia: la voluntad de elegir, la voluntad de vigilar, desde el sagrado recinto del hogar, la marcha maravillosa de su propio país. Esta debe ser nuestra meta…”.

“La Patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas”

“Mis descamisados, yo quisiera decirles muchas cosas, pero los médicos me han prohibido hablar. Yo les dejo mi corazón y les digo que estoy segura, como es mi deseo, que pronto estaré en la lucha, con más fuerza y más amor, para luchar por este pueblo al que tanto amo, como lo amo a Perón… Pero si no llegara a estar por mi salud, cuiden al general, sigan fieles a Perón como hasta ahora, porque eso es estar con la Patria y con ustedes mismos…”
(17 de octubre de 1951)

“Si es preciso haremos justicia con nuestras propias manos. Yo le pido a Dios que no permita a esos insensatos levantar la mano contra Perón porque, ¡guay de ese día! Ese día, mi general, ¡yo saldré con el pueblo trabajador, con las mujeres del pueblo, con los descamisados de la Patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista!”
(1º de mayo de 1952)

“Con las cenizas de los traidores construiremos la Patria de los humildes”

“Cuando elegí ser Evita, sé que elegí el camino de mi pueblo. Ahora, a cuatro años de aquella elección, me resulta fácil demostrar que efectivamente fue así. Nadie sino el pueblo me llama Evita. Solamente aprendieron a llamarme así los descamisados. Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales e intelectuales que me visitan suelen llamarme ‘Señora’; y algunos incluso me dicen públicamente ‘Excelentísima’ o ‘Dignísima Señora’ y, aun a veces, ‘Señora Presidenta’. Ellos no ven en mí más que a Eva Perón. Los descamisados, en cambio, no me conocen sino como Evita.”
(La Razón de mi vida)

“… La razón es muy simple: el hombre puede vivir exclusivamente para sí mismo. La mujer, no. Si una mujer vive para sí misma, yo creo que no es una mujer o no puede decirse que viva…”
(La Razón de mi vida)

“Quiero hacer hasta el último día de mi vida la gran tarea de abrir horizontes y caminos a mis descamisados, a mis obreros, a mis mujeres. Yo sé que, como cualquier mujer de pueblo, tengo más fuerzas de las que aparento tener y más salud de la que creen los médicos que tengo. Tal vez un día, cuando yo me haya ido definitivamente, alguien dirá de mí lo que muchos hijos suelen decir, en el pueblo de sus madres cuando se van, también definitivamente: ¡Ahora recién nos damos cuenta que nos amaba tanto!”
(La Razón de mi vida)

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