La vida es vocación y servicio.

Y no podemos disfrutar plenamente de la vida sin conjugar el verbo perdonar en todas sus acepciones.

Cuando aprendes a perdonarte a ti mismo, encuentras nuevos horizontes de vida y logras una mayor

dosis de felicidad. Al perdonarnos a nosotros mismos adquirimos, a la vez, más facilidad para perdonar a los demás. Poco a poco podemos ir adquiriendo el saludable hábito de aceptarnos, sin dejar de mejorar nuestra manera de ser y de actuar. Es preciso aprender a captar la bondad que atesora el ser humano, todo ser humano.

“Si tratas a una persona según lo que parece, la haces peor de lo que es.

Pero, si la tratas como si ya fuera lo que tiene capacidad de ser, la haces lo que debería ser”. (Goethe)

Tienes que amar a los enemigos, pero antes, ámate a ti mismo, ya que el peor enemigo solemos tenerlo dentro.

Perdonarte a ti mismo es aceptarte como eres y no tener envidia de los otros.

Un pajarito no tiene que tener envidia jamás de lo que come un elefante.

¡Qué gran desafío es saber perdonar, pase lo que pase! Aprendamos a perdonar y a perdonarnos. Seamos indulgentes con los fallos del prójimo, levantémonos en los tropiezos, dejemos atrás las amarguras del pasado, tratémonos con compasión, incluso a nuestros enemigos.

No digas jamás: “Me avergüenzo de ser como soy”; “Me siento culpable de todo”; “Nunca me perdonaré…”. El perfeccionismo es una forma de orgullo inconfesable. No te desprecies a ti mismo por ser frágil, débil, vulnerable.

La falta de autoestima, mata.

El desprecio hacia ti mismo rebaja tu dignidad. El perdón te ayudará a trasformar tus sentimientos en acciones positivas y, desde luego, te abrirá los caminos de la felicidad. La palabra vocación significa llamada.

Así solemos hablar de que este hombre es artista por vocación o que esta religiosa tiene una maravillosa vocación de servicio. Lo cierto es que a cada persona le corresponde una misión, una tarea especifica en este mundo. Los dones suelen estar relacionados con las tareas a realizar.

La vocación no la dan los padres, ni los maestros, ni los políticos.

Es un don de Dios. Tenemos que aprender a mirar con sabiduría la situación del mundo actual,

así como saber detectar las necesidades de vida y de salvación del ser humano.

GREGORIO MATEU

Revista En Sociedad

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