No siga derrotado por las heridas del alma.

No siga derrotado por las heridas del alma
Pastor Fernando A. Jimenez

Hablar con Gonzalo, es agradable. Es una persona inteligente que sale con cada historia, no se de dónde, en abierta competencia –guardando las proporciones, claro está–, con los relatos del Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, cuyos personajes viven un mundo de realismo mágico, inverosímil.

Lo curioso es que, cuando está en público, no es así. Su semblante cambia. Es en cierta medida huraño y cuesta bastante esfuerzo que responda a cualquier interrogante. Se limita a decir si o no, únicamente. En cierta ocasión, después de tomarnos un aromático cafecito en su oficina, le hice notar la extrañeza de su comportamiento. Era uno cuando hablábamos a solas, y otro muy distinto cuando estaba con otras personas.

La razón es sencilla. Desde niño, mis padres me hicieron sentir que, cuanto decía, era ridículo. Si tenía una idea, sin dar mayores explicaciones, la rechazaban.

Desde entonces decidí quedarme callado y guardarme las cosas—me explicó. Gonzalo tiene más de cincuenta años y sus dos hijos, hoy universitarios, son su fiel reflejo. Reprodujo en su familia, lo que él asumió desde la niñez.

Hijos de la desesperanza

Basta que mire a su alrededor para que se encuentre, frente a frente, con hombres y mujeres gobernados por la amargura, el resentimiento y la desesperanza como consecuencia de las heridas emocionales que vienen arrastrando desde hace mucho tiempo. Son “hijos de la desesperanza”.

Es importante que, desde la más tierna infancia, cuidemos a nuestros hijos para que no crezcan frustrados. A frustrar su capacidad de ser espontáneos, a soñar y expresar sus sentimientos, contribuye el ridiculizarlos, hacerlos sentir mal, decirles que cada vez que hablan dicen tonterías o que sus ideas son una locura.

Este mal trato hiere su mundo interior y corta sus alas para soñar en grande. Las críticas lo tornan cada vez más temeroso e incluso, lo predispone a buscar en amistades o en sustancias alucinógenas, un escape a la presión que recibe en casa.

Los especialistas coinciden en asegurar que, por el contrario, cuando el niño se siente amado, sienta las bases para la auto aceptación, seguridad en lo que hace, valoración de los demás y la armonía en su mundo interior. A su turno la sicóloga colombiana, Martha Elena Osorio, explica que “Cuando el niño y el adulto están bien conectados, todo funciona bien; cuando no es así, es porque las experiencias y las heridas del pasado han hecho que se desconecten una de la otra y se crean los conflictos, los vacíos”. (El País. 06.12.2011. Página C4)

Una de las épocas más sensibles, es cuando el pequeño atraviesa de los 3 a los 5 años porque todo queda grabado en lo más profundo de su ser. A partir de esa etapa, si sus padres le trataron de manera inmisericorde, lo hicieron sentir que no valía la pena o que jamás llegaría a ninguna parte, lo más probable es que aceptará el fracaso y la derrota como un distintivo en su existencia.

La terapeuta colombiana, Pilar Martínez, asegura que “A medida que crecemos, con el estrés del día a día, con las responsabilidades y el caos, se va dejando de lado o reprimiendo ese niño. El adulto empieza a perder la capacidad de imaginación, de ver que la solución a sus problemas está allí. Y se pierde el encanto, y su rostro sólo transmite amargura, estrés y cansancio”(El País. 06.12.2011. Página C4)

Lo que nos hicieron en el pasado no lo podemos controlar en nuestras fuerzas; no obstante, tenemos en nuestras manos la posibilidad de no repetir la historia con nuestros hijos. Debemos prodigarle todo el apoyo, amor, comprensión y ternura que no recibimos, para que su mañana sea diferente.

Sanidad para el alma herida

Las heridas del alma no se pueden apreciar fácilmente, pero afectan todo lo que hacemos. Esa es la razón de que infinidad de personas alrededor nuestro, hayan perdido la razón de vivir y haya quienes piensen en el suicidio como la única salida al laberinto. Las heridas en su mundo interior son muy profundas. Sin embargo, hay salida. Está en el Señor Jesús. Él es quien trae sanidad a nuestro mundo interior porque conoce qué nos produce dolor y cuáles son los impedimentos emocionales para que salgamos adelante.

Él lo dejó claro, en cierta ocasión, que su misión era sanar las heridas de nuestro ser: “Le dieron el rollo del profeta Isaías. Jesús lo desenrolló y encontró el lugar donde está escrito lo siguiente: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor» Lo enrolló de nuevo, se lo entregó al ayudante y se sentó. Todas las miradas en la sinagoga se fijaron en él. Después Jesús comenzó a hablarles: «La Escritura que acaban de oír, ¡se ha cumplido este mismo día!»..”(Lucas 4:16-20, Nueva Traducción Viviente)

Valoro la sicología porque, durante mi formación en el Seminario Teológico, cursé varias asignaturas relacionadas con esta disciplina; sin embargo, estoy convencido que yendo a Jesús el Señor en oración, Él podrá sanar su mundo interior e ir más allá de donde pueden ir los sicólogos.

Él puede llegar a lo más profundo de nuestro ser, y traer sanidad porque, desde siempre, su propósito ha sido que vivamos la vida plenamente. El apóstol Pablo lo describió de la siguiente manera: “Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! Que todo el mundo vea que son considerados en todo lo que hacen. Recuerden que el Señor vuelve pronto. No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús..”(Filipenses 4:4-7, Nueva Traducción Viviente)

No deje pasar esta oportunidad. Vaya al Señor Jesús en oración y permítale que Él traiga sanidad a su mundo interior. Ah, a propósito, si no lo ha hecho, hoy es el día para que lo reciba en su corazón como su único y suficiente Salvador. Puedo asegurarle que su vida será transformada. Image

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